lunes, 9 de diciembre de 2013

Capítulo 8, El Rompecabezas De La Vida

Capítulo 8
Otra vez era domingo, tenía el día libre para salir a donde quiera. No sabía realmente a donde, creo que tampoco tenía muchas ganas de salir. Pero de alguna manera me sentía sofocado dentro de mi departamento. Demasiadas cosas en la cabeza, recuerdos del pasado que no quería ni sentir.
Decidí salir a la costa, cerca del puerto. Hace tiempo no salía solo a caminar.
Caminaba y caminaba sin pensar en nada. Como si tuviese la mente en blanco. Disfrutaba del sonido de las olas romper. Y un intenso olor salado, de ese mar revuelto.
El cielo era gris. Las nubes estaban trayendo la lluvia. El sol no se veía, aun así era agradable estar afuera, caminando.
Como un flashback, una imagen vuelve a mi cabeza. La muchacha llorando. Sentí una inquietud luego de recordarlo. Me sentía preocupado, pero no me daban las agallas para buscarla. Tenía miedo y no sabía de qué. Comencé a detestarme por tener que estar siempre amarrado a mis miedos y mi timidez. El simple hecho de salir a hablarle a aquella muchacha me intimidaba.
Esto no podía ser una simple coincidencia. No digo que me siguiera, pero ni que esto fuera como las típicas historias románticas.
Ella estaba sentada allí, en una banca de la plaza. Ni en mis descansos mentales me puedo liberar de la tentación hacia aquella mujer.
 A pesar de todo, me sentía relajado, dejando de lado todos mis miedos y sintiéndome confiado, de alguna manera, me acerqué a ella.
La mujer se encontraba sentada en la banca con un libro entre manos. Su cabello estaba esponjado y algo revoltoso a causa de la humedad del ambiente. Sus labios color carmesí  resaltaban en su pálido rostro.
Me paré frente a ella. Subió la cabeza lentamente, terminando así de leer la última oración del párrafo.
—Buenos días-dije amistosamente.
—Buenos días.
Un silencio que parecía interminable se puso en escena. "¿Por qué esto es tan complicado?" pensé.
—¿Qué haces por aquí?- pregunté. "¿Realmente soy tan importante como para que tenga que informarmelo? Es algo que no me incumbe"
—Solo vine a pensar. Además espero a alguien.
 "Perfecto, había otro hombre"
—Es el día mas indicado para pensar.
Mira hacia el cielo gris, casi está por llover. Me mira con rareza.
—Las lluvias de verano. No hace frío, el sonido de las olas chocando contra el cuelo es relajante, y a mi parecer, es como si nada importara.¿No crees?-Me expliqué.
Creo que hablo dolo. Solo me mira como si fuera un extraterrestre.
—Sí, tal vez. No ando con ánimos de pensar mas de lo que veo.
—¿Cómo te sientes?
—Bien, mal, elige tú.
—Suena mas a un mal que a un bien-dije. Luego metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón-¿A qué se debe?
—No quiero aburrirte con mi vida. Ve a hacer lo que hacías.
—Caminaba sin rumbo así que no me molesta. Cuentame, soy todo oídos.
Suspiró profundamente y cerró su libro.
—Sientate-me ordenó. Obedecí y me posé sobre la banca mirando hacia adelante, de frente había unos rosales enormes.
Se quedo en silencio, mirando fijamente a la nada misma.
—¿No crees a veces, que la vida no tiene sentido?
—Ciertamente. Es una de las mas grandes incógnitas del ser humano.
—Todos creen que el sentido lo elige uno mismo, como es el enamorarse, ser alguien importante, entre otros.
—Es verdad. Pero tal vez es un cuento mas. Enamorarse es algo que surge solo, al igual que la vida, surge sola. Todos hacemos cosas sin un fin determinado y no por eso nos tenemos que poner a buscarle un sentido.
Se quedó en silencio nuevamente, como reflexionando internamente.
—Siento que me falta algo-dijo.
—¿Algo material?
—No, me refiero a...No lo sé, no sé qué es lo que digo. Me siento sin ánimos de nada.
 Las nubes negras comienzan a hacer su efecto. Pequeñas gotas caen de a poco hacia el suelo. Un aroma a tierra mojada asoma en mi nariz. ¡Qué placer!
—Tal vez podamos cambiar eso-dije-¿Qué te parece salir los dos juntos a distraernos de todo? He visto lugares hermosos.
Sonrió con un corto suspiro.
—Suena tentador, pero no me siento con ánimo. Prefiero volver a casa, Y tal vez escribir algo.
—¿Escribes?
—Si, hago pequeñas historias que invento basandome en personas que veo. Mas que nada las gente del bar.
—Bueno, podrías escribir mentalmente-dije.
Me miró con extrañeza.
—El hombre se levanta de la banca y le extiende la mano a la dama-me levanté y extendí mi mano hacia ella.
Cuando logra comprender que estaba imitando a un texto, me siguió el juego.
—La dama, un tanto confundida, también se pone de pie. Presiente que su cabello se veía mal a causa de la humedad-dijo ella riéndose.
—Él no le suelta la mano, de modo que ella no podía salirse. A paso ligero trata de llevarla por la costa.
—Ella sin ganas lo sigue. Pero se detienen.-se frena de golpe- lo mira lentamente, con un poco de ternura. Él le ofrece llevarla a su casa.
Me miró como esperando a que lo diga. Sonriendo repliqué:
—¿Le gustaría que la lleve a mi hogar? El día no es el mejor para andar afuera.
Riéndose respondió.
—Mejor entre conmigo, invito un café en mi departamento, dijo la dama.
Asentí con la cabeza. Cada vez llovía mas fuerte, y sin soltarle la mano caminamos hacia su casa. El agua ni siquiera nos preocupaba. Supuse que no había tal hombre con quien se encontraría, ya que no volvió a nombrarlo.
 Afortunadamente no estábamos muy lejos de su departamento. Mi cabello rojizo desprendía gotas de agua, mojando así mi rostro. Me sentía vivo.
Entramos a su departamento. Fue hacia la pequeña mesa bajita junto a la ventana y puso un disco de vinillo en el toca discos. Comenzó a sonar una canción de Louis Prima, se llamaba “Sing, sing, sing”. La conocía muy bien.
Moviendo la cabeza se me acercó. Era irresistible su mirada
—Vamos, yo sé que quieres bailar. Esta canción es perfecta— Y con una amplia sonrisa me tomó de las manos y comenzó a bailar.
Trataba de seguirla, pero nunca había bailado. No sabía cómo se hacía.
 Ella se divertía y reía moviendo sus pies siguiendo el ritmo de la música. Me encantaba. Era tan perfecta. La adoraba, unas ganas de besarle me inundaron la mente.
 Bailaba sin cesar con tal gracia que emanaba una alegría bellísima. Mi corazón latía fuerte. A pesar de mis pasos un tanto patéticos, disfrutaba del baile tanto como ella. Más que el baile disfrutaba de ella.
 Al terminar la canción amagó para soltar mis manos, pero no la solté. Mis manos estaban heladas. Me acerqué lentamente a ella, quedando a pocos centímetros de su rostro. Me miró dulcemente con sus ojos oscuros y me sonrió.
Se alejó de repente y se sentó frente a la ventana. Me quedé algo confundido, ¿qué era lo que había pasado? Parado a espaldas suyas la observé. Era tan hermosa, tan impecable, tan…diferente. Las luces del café pasaban a través de la ventana iluminando la habitación. Ella miraba afuera sin un rumbo específico, estaba pensando.
 Me senté junto a ella y también me puse a pensar.-¿Qué estará pasando por su mente?- pensaba.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Adolescencia

El momento se volvió tenso durante el café. Tenía ganas de irme, de no salir mas de casa. El miedo a afrontar los problemas de la vida era mas fuerte que yo. Sin mirarlo a los ojos, trataba de distraerme jugando con la espuma de mi café. Luego torpemente volqué el contenido de la cuchara sobre la mesa. Los nervios me volvían. Traté de limpiarlo con una servilleta, pero me rendí. Por dentro me preguntaba por qué las confiterías insisten en poner servilletas que no absorben nada, es como limpiarte la boca con una bolsa de plástico.
 Él soltó una risita, mientras que yo trataba de ocultar mi rostro sonrojado detrás de mi flequillo.
-Hacé lo que te parezca que está bien, o que te hace bien.
Dios, estoy cansada de esa respuesta. Siempre es la misma frase.
Sentí un tirón en la garganta. Tenía ganas de llorar. Llorar como cuando tenía cinco años, cuando era la única descarga y nadie te decía que estaba mal. Pero no podía. Mis ojos se humedecieron, pero me contuve.
-No sé qué hacer. No entiendo lo que siento.
 El murmullo de la gente de las mesas de al lado me aturdía. Sé que él no es la persona que busco, que no tenemos mucho en común.
Salimos del café y lo miré a los ojos, aún hoy no puedo definir su color. Lo tomé de la mano, qué mas da. Me soltó la mano, me tomó de la mandíbula y me besó suavemente.
 Una vez mas, mis dudas desaparecieron, para luego reaparecer como un animal al acecho.

martes, 12 de noviembre de 2013

Sentidos

La luz de la luna se reflejaba en las húmedas veredas, mojadas por el fresco rocío de la noche. Ella se encontraba allí, en la rambla frente al mar. Su sonrisa brillaba como las perlas de su collar, mientras fumaba un cigarrillo. A pesar de eso, sentía que no era verdadera. No me refiero a ella, sino a su sonrisa. Sus ojos delineados se reflejaban en el movimiento del mar, como perdidos. Era una mirada triste.
-Puedes dejar de fingir- le dije.
Se rio. Ahora su mirada se fijaba en mí, sin acotar nada. Ella era encantadora.
-Estoy algo cansada-respondió luego de un momento- Cansada de mi trabajo, de la gente, de este lugar, de mi vida…
Un profundo suspiro acompañado de una bocanada de humo, se hizo presente en ella.
No me gustaba verla así. Simulando ser feliz, mientras por dentro su alma se iba desplomando de a poco.
-¿Y si escapamos? ¿Y si dejamos todo a la deriva?- Apenas pensé lo que le decía. Las palabras escaparon de mi boca.
Su sonrisa volvió, pero esta vez era una más sincera. Su cabello ondulado y con bucles bailaba al son de la brisa. Era bellísima. Valía la pena todo por ella. Yo no tenía nada que perder si dejábamos todas nuestras responsabilidades de lado.
-Si tú lo deseas, yo puedo ayudarte a cambiar de vida-insistí.
Se acercó lentamente y me besó profundamente. Su perfume a jazmines inundaba mi nariz plácidamente.
-La vida será monótona, pero creo que por alguna razón las cosas son así-replicó ella.



viernes, 8 de noviembre de 2013

Conociendo el Jazz.

Durante las noches del último verano comencé a escuchar jazz. Todo vino en una noche cuando estaba cansada de mi música ya reproducida miles de veces. Tomé mi teléfono y puse en reproducción la radio. Pasaba de sintonía en sintonía para encontrar algo distinto. Desde pop hasta tango, y desde cumbia a electrónica. Pero no me atraían.
 En un momento me frené en una, si mal no recuerdo era la 101.3. Nunca la había oído nombrar. Me detuve ahí porque se reproducía una música tranquila, me producía ganas de imaginar situaciones en las que usaría esa canción como fondo. No recuerdo muy bien cuál era la canción, pero creo que era lo mejor. No sabía qué artista ni qué cantante tocaba o cantaba tal o cual canción.
 La radio reproducía jazz desde las 9 de la noche hasta la 1, y si los de la radio se olvidaban la dejaban hasta las 3 de la mañana. Luego de esa hora pasaban blues o rock de los 90’s.
Desde el primer día decidí tomarlo como una rutina, todas las noches a las nueve me sentaba en mi cama a escuchar jazz. En general me quedaba hasta que el programa terminara, pero como era obvio en algunos casos me quedaba dormida de cansancio.
 Luego de unas noches comencé a grabarme algunas canciones que me gustaban, sobre todo porque sabía que al día siguiente era probable que se repitieran las canciones y tenía oportunidad de grabarlas cuando quería. Esto se debe a que la radio solo ponía una lista de reproducción. Me parecía un poco patético poner una radio con música a la cual los que la manejaban no les interesara el estilo de música que pasaban, parece un desperdicio de trabajo. Creo que debían dejarlo para alguien que realmente aprecie ese género.
Te daba el número de la radio durante los comerciales, para que pidas un tema que te gustara. Creo que habré pedido dos veces una canción. No solo por timidez de llamar, sino porque cuando reproducían la canción pedida y ésta terminaba, de repente dejaban de reproducir música. Como si no hubiese radio, se quedaba en silencio. Obviamente porque se olvidaban de prender de nuevo la lista de reproducción. Recuerdo que me reventaba de enojo. El primer tema que pedí me acuerdo bien que era “Summertime” de Ella Fitzgerald. Era la única cantante que reconocía por el momento. Al finalizar la radio se quedó muda, así que decidí llamar nuevamente. Fue una llamada perdida, yo no era quien para decirles que hicieran su trabajo. Y luego, como si hubieran leído mi mente, volvieron a reproducir la música.
 Casi todas las noches soñaba con alguna situación con esas canciones, esto también me dio pie para la escritura. Lo que frecuentaba mucho eran los bares. Un bar bastante grande, con luces bajas. Las mesas brillantes por velas en su centro. Luego contra la pared se encontraba un pequeño escenario, donde tocaban la canción reproducida en el momento. Junto al escenario había una pequeña barra, en él siempre atendía un hombre que resaltaba mucho por su belleza. Con cabello rojizo y corto, muy delgado pero con una espalda tentadora para cualquier mujer>>o eso me parecía a mí<<. Otras veces el que resaltaba era un hombre misterioso que se sentaba solo en una de las mesas más cercanas al escenario.
 Creo que la mezcla del verano y el jazz me ponían más romántica. Imaginaba situaciones de amor imposible entre el joven de la barra y la cantante del bar. Otras veces al misterioso enamorado de la pianista. Hasta algunas veces mezclaba todo y creaba pequeñas historias de cada integrante en escena. Os clientes, los mozos, los de la banda, todos.
 No he escrito mucho sobre esas historias, muchas veces traté. No sé por qué al tratar de plasmarlas en una hoja veía que perdían ese sentimiento que era la esencia del relato. Puede que cuando tenga un poco más de experiencia en escritura escribiré sobre ellas. Por el momento las mantengo en mi memoria.
 Hubo una canción que me encantaba. La grabé desde casi el comienzo, pero por alguna razón se cortó la grabación y se grabó la mitad. Atenta esperé a que la pasaran otra vez por la radio, pero lamentablemente no la repetían. Recién a las dos semanas escuché que la repetían y traté de grabarla. Gracias a mi mala suerte, no la pude grabar completa, sino el final. Durante el día reproducía ambas partes de la canción. Traté de descifrar la letra para encontrar el título y descargarla, pero mi escaso inglés hacía que no comprendiera la pronunciación. La cantante hablaba demasiado rápido y además la mayoría del tema estaba compuesto por bebop, un juego de palabras sin sentido que imitan el sonido de un instrumento. Recién la semana pasada pude descubrir el título de la canción y su cantante. Imagínense, un año pasó. La canción era “Take te A train” de Ella Fitzgerald. Y creo que esto demuestra que soy fiel a mis cantantes favoritos ya que adoro a Ella. Y, a pesar de no saber quién cantaba uno de mis temas preferidos, adoré a la mujer que hacía sonar esa canción.
 Lo más triste fue cuando cada vez se fueron acortando más los horarios en los que pasaban jazz. Cada vez el blues y el rock venían más temprano. Hasta llegó el momento en que no había más jazz ni rock, ni blues. Pasaban música moderna o algún rock de los 80’s.
Al menos me había guardado una pequeña lista de reproducción en mi teléfono con esos temas que sólo pasaba la radio que me gustaba. Calculo que fue cuando se terminaba el verano. Espero que vuelva es este verano. Aún me falta conocer muchos intérpretes de esas canciones.
 Al dejar de escuchar esa radio me puse a buscar alguna otra. Por desgracia, no encontré. Así que decidí buscar por mi lado. Preguntaba a familiares sobre cantantes de jazz que conocieran. No sirvió de mucho. Comencé escuchado Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Louis Armstrong, y otros pocos más de los más conocidos.
 Más tarde leí en algún lado que se iba a hacer un festival de jazz en la ciudad. Pero dentro de lo que era el jazz me encontraba sola, no conocía a nadie que tuviera preferencia por éste género. Mi hermana me comentó que tenía un amigo fanático del jazz. Quería hablarle para que me recomendara algunas bandas, pero mi timidez me lo impedía.
 En esa semana, un mediodía caminaba con mi hermana y unos amigos suyos hacia la parada de colectivo. Ahí mi hermana me presentó con su amigo >>creo que de manera forzada, porque yo no quería por vergüenza<< le pregunté mis dudas acerca del festival. Resultó algo inútil porque al estar sola con ese género, no asistí a escuchar ninguna banda del festival.
 Más tarde lo conocí mejor a ese amigo de mi hermana, gracias a él ahora conozco una gran variedad de bandas y cantantes de jazz. Gracias Nicolás Pratto.
 Este género me trae ganas de escribir historias. Ha sido mi inspiración y sigue siendo. Comencé una novela a la cual no creo haber llegado a hacer un capítulo y medio solamente. Y actualmente me encuentro desarrollando una novela llamada “El rompecabezas de la vida”. Es todo referido a las historias que imagino mediante esa música.
 Recuerdo que este año disfruté de algo que me llenó de un sentimiento raro para mí. Había salido de casa y viajé al centro para encontrarme con unos amigos. Esperé eso de media hora o 45 minutos y no vinieron. Enojada me encaminé hacia mi parada de colectivo. Caminando con mis auriculares reproduciendo rock, escuché por lo bajo el sonido de un saxo. Me quité los auriculares y, como un ciego tratando de ubicarse, me puse a buscar el origen de la música. A una cuadra de donde me encontraba, junto la feria de los artesanos y en un pequeño escenario, una banda de unos cinco integrantes tocaba una especie de jazz. Digo “especie”, porque ésta banda contenía una guitarra eléctrica>>aunque no se escuchara muy resaltadora<< era un jazz-rock. Algunos grupitos de personas se frenaban a escucharlos, y otros se sentaban a apreciar su arte. Yo era una de esas, sola como un perro me senté en un banco a escucharlos. Me gustaba mucho y sentí como una especie de orgullo hacia el género que tocaban. A pesar de estar sola, no me “sentía” sola. Sentía que éramos de esas personas que no ves en muchos lados, y que salieron a la luz por un momento. El enojo de que me dejaran plantada se fue al segundo. Volví a casa relajada y contenta.
Sueño con tener algún día un bar como el que imagino en cada historia, o tal vez ser parte de una banda de jazz.
Agradezco poder sentir algo así por un estilo musical y que me movilice a hacer cosas.
Hasta la segunda parte.

 01/10/2013     Candela Spagnuolo

viernes, 20 de septiembre de 2013

Atardecer de ciudad

Muy pocas veces veo algo que me dé tanta tranquilidad. Adoro cuando viajo luego de alguna juntada en el centro o luego de salir de educación física del colegio. Allí el paisaje cambia completamente durante el crepúsculo. No porque me guste ver cómo baja y se esconde el sol, sino por cómo se ve la ciudad cuando sucede ésta transición del día a la noche. El cielo va cambiando del celeste común a una especie de grisaseo- rosado, y a veces naranja. Los edificios se transforman y se lucen pálidos de alguna manera. Por ese momento las sombras desaparecen, es algo de lo que poca gente se da cuenta. Las luces de la ciudad comienzan a encenderse, algunas persianas van cerrandose. Y la gente empieza a caminar un poco mas, o volviendo del trabajo o saliendo a tomar algo. Lo triste es que dura tan poco, aunque para mí lo suficiente. Mi viaje de media hora alcanza perfecto para llegar desde el principio del atardecer hasta el final.
 Con mis auriculares sonando Glenn Miller, hoy partí de vuelta hacia mi casa. Y mas tranquila que en ningún momento. Ni el sonido del colectivo me distrae para apreciar eso.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Errores.

Una obsesión, tal vez. Una confusión, también puede ser. Amor, es probable. No lo sé. No sé realmente qué fue. Digo fue porque asumo- o lo intento- que el tema ya está cerrado y terminado. Un chico, dos años atrás y muchas cosas de por medio. Cuando lo conocí me cayó muy bien, siempre me gustó estar con él. Su carisma y su buen humor me alegraban las tardes que a veces pasabamos juntos. En ese momento junto a amigos. Me arrepiento de no haberme dado cuenta antes, realmente me golpearía por ser tan ciega. El caso es que yo no vi algo muy importante, él sentía cosas por mí. Creo que me lo dijo muy por encima una vez, pero como distraída lo dejé pasar hasta que me lo diga confirmado. Yo no le dí importancia, me fijé en otras cosas. Y en otras personas.
No pasó mucho tiempo, creo que medio año, para que yo abriera los ojos y me sacara la venda. Para que lo mire a los ojos y que me encante, para sentir un cosquilleo en la panza cuando hablaba con él. Que su sonrisa me volviera loca por dentro, esa sincera y sencilla sonrisa. Sus rulos revoltosos, su bondad extrema. Su buena disposición. Me encantó.
 Pero era tarde. Realmente fui tonta. Ya era tarde. Sus sentimientos hacia mí ya se habían debilitado, justo cuando los míos se habían reforzado. Me aferré a la lucha de poder llegar a estar juntos, pero todo salió mal. Hubo discusiones entre su ex pareja y yo. Y cuando al fin pudimos estar juntos simplemente decidió dejarlo, con la frase "En este momento no quiero andar en relaciones". Mi corazón se partió- o eso creí-, me enojé, lloré, le grité, le pedí perdón, y mas. La peor parte es que luego de eso nos distanciamos de a poco hasta el punto de no vernos mas, ni hablarnos mas. De vez en cuando me entero de su vida, pero me duele verlo y no lo entiendo. Por qué termino así de la nada, y la respuesta la sabía pero no la quería aceptar. Era tarde, y mi tren de la felicidad se había esfumado en su camino, quedando así tan solitaria como en un desierto. Traté de salir de ello, de olvidarme, pensé en otras cosas y en otras personas. Sin embargo siempre en el fondo aparecía él, y sus recuerdos. Aún aparecen, no con tanta frecuencia pero aparecen.
 Afortunadamente tengo buenos recuerdos de los momentos juntos, o la mayoría.
Si esta persona está leyendo esto, le pido disculpas por todos mis errores, por no haber sido inteligente, por haber hecho cosas que ofendieron, por dañar sin darme cuenta. Quiero aclararle que nada que haya hecho que haya causado daño fue a propósito, nada fue a propósito. Que siempre lo quise, en todas sus etapas y en todos los momentos. También quiero decirle que lo extraño demasiado, pero que ya no sé de qué hablarle. Y que cuando se esté por ir en su viaje a la vida futura, el cual no falta demasiado, antes de su ida le voy a pedir un ultimo favor.
 Sin mas que aclarar, esto es todo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 7, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 7


Ni me dispuse a mirar para arriba a su ventana, solo entré al bar y comencé a trabajar. No me había despertado con mal humor, seguía un poco divertido por la repetitiva pregunta de la muchacha "'¿Quién es esa chica? ¿Por qué a ella?", eran preguntas de las cuales ni yo tenía una respuesta concreta.
— ¿Lo has visto?— me preguntó mi jefe.
— ¿A qué te refieres?
—La ventana, está entreabierta. Jamás la he visto así.
— ¿No crees que le das mucho significado a un abrir o cerrar de ventanas?
—Tal vez. Pero mira muchacho, es más divertido jugar con la imaginación y la fe que aislarse en la realidad vista y la lógica. Además ya te lo he dicho, esa chica es... especial.
-"Especial", no sé a qué se refiere con eso. ¿Por qué me importaba tanto una mujer de la que no sabía nada, de la que nunca había escuchado y con la que nunca había hablado?- pensé.
Ya que no me había fijado, me acerqué al ventanal y observé su ventana. Tenía razón, estaba entreabierta. Si abierta quería decir que estaba de buen humor y cerrada que estaba de mal humor, ¿Entonces qué significaba esto? ¿Estar en nada o con todo? "¡Bah! Son solo balbuceos de alguien que no sabe bien las cosas", pensé.
Era sábado así que seguro vendría alguien a tocar un poco de música por la noche. Efectivamente así fue, una dama y un hombre tocaron un par de canciones de jazz. Era raro, nunca me había puesto a escuchar jazz ni ningún otro género musical. Me sentía bien pudiendo disfrutar algo nuevo.
Esta vez la noche no fue tan movida o ruidosa como la última. Aun así la gente disfrutaba a pleno de ambiente del lugar. La dulce voz de la dama, mezclada con algo de bebop contrastaba bien junto al sonido de la trompeta tocada por el hombre. Las personas reían, otras lloraban, hablaban y bebían al son de estos músicos. Un corazón roto por un lado, un nuevo romance por el otro. Cosas de amores.
Recién a las 12:30 de la noche hizo presencia la chica de enfrente. Se sentó en su mesa habitual, junto al ventanal a un lado. La atendí y, como esperaba, simplemente se limitó a pedir un whisky y no dijo ni una palabra más. Tomé un poco más de confianza, ya no me alarmaba más al verla. Sin embargo no podía evitar que me tiemblen las manos o mi corazón se acelere.
Ella no se veía ni enojada ni feliz. Tal vez algo triste se la veía.
Bebiendo su vaso de whisky miraba por el ventanal hacia el quiosco de revistas de enfrente, que por obvias razones se encontraba cerrado. De vez en cuando se cubría el rostro con las manos, como si estuviera cansada de algo o tuviera ganas de llorar. Dudé en acercarme a preguntarle qué le pasaba, pero no me atreví ya que siempre que lo hacía terminaba con una bofetada de palabras.
La observé de a ratos durante la noche. Al llegar la 1:30 de la madrugada aproximadamente, decidí irme. Mi turno ya había terminado hace tiempo y no veía con razones específicas para quedarme. Ella ni me miraba, solo...pensaba sola.
Avisé a mi jefe y salí. Miré hacia el ventanal, seguro que seguía sentada observando hacia afuera y tal vez me vería allí. Pero raramente no estaba. Solo se veía a la silla, solitaria, y al vaso vacío posado sobre la mesa.
Volteé la mirada hacia su departamento. Me sorprendí de golpe. La vi frente la puerta del bar. Su mirada estaba clavada en mí, parecía un fantasma.
Iba a seguir mi camino hacia casa, pero un impulso me llevó hacia ella. Me paré frente a ella y no dije nada. Solo la miraba.
Me abraza de repente, fuertemente. Y rompe en llanto. Estaba más que asombrado, más bien sorprendido. "¿De dónde salió eso? ¿Quién es ella y por qué ya es parte de mi vida?", pensé.
La abracé yo también, conteniéndola de un dolor que parecía horrible.
— ¿Qué sucede? Cuéntame.
No me respondía. Solo lloraba, aunque cada vez más despacio.
—Cuéntame lo que pasó. Tal vez pueda ayudarte.
El silencio era la única respuesta. Y ahí es cuando comprendí que el dolor no se sacia con inútiles consejos que te digan, sino con una demostración de protección y comprensión. Y que un silencio tranquiliza más que cualquier palabra.
Dejé mis preguntas y me quedé callado, acariciando su cabello. Luego de unos minutos dejó de llorar, se alejó un poco y se sorbió los mocos. Sonriendo me dijo:
—Gracias.
Y así se retiró hacia su departamento.
Definitivamente creo que nunca entenderé a las mujeres. Son seres complicados e histéricos. A veces demasiado. Y por sobretodo, nunca puedes adivinar lo que están pensando. Son las dueñas del misterio y son tan tentadoras como descubrir uno.

sábado, 17 de agosto de 2013

Silencio.

Ella está acostada junto a él. Dice que está cansada de todo, que ya no tiene ganas de nada. Que no sabe lo que quiere y que no iba a hacer nada al respecto al no saber qué hacer.
Él la mira, sentado a su lado, ella era hermosa para él. Respira hondo, estaba tranquilo. Ella lo ignora. Permanecen en silencio, mas bien no hablan, solo escuchan la música del reproductor. Sarah Vaughan era su música de fondo.
No era un silencio incómodo, al contrario. Este silencio en cierta manera los reconfortaba o relajaba.
Es el departamento de ella. Lo había invitado porque no quería sentirse sola. A pesar de no hablar, se siente bien y acompañada. Su cama es el escenario ante todo. El resto no importa.
Él se tienta, no sabe bien de qué. Ellos eran amigos desde hace ya mucho tiempo, sin embargo los pensamientos de ambos siempre fueron ocultos. La observa con cuidado y sonríe. Se acerca despacio, levemente. Acostandose junto a ella. Pegados. Él rodea su cintura con el brazo izquierdo. No dicen nada.
La música sigue sonando y el ambiente es perfectamente tranquilo. Ella toma su mano con fuerza y se queda así, sin moverse. Él se sorprende, se imaginaba una escena totalmente contraria y de rechazo. De alguna manera siempre había sospechado que algo sentía por él, y ella lo mismo. Pero nunca dijeron nada, sin saber la razón.
Él suelta la mano y la dirige a el rostro de la muchacha. Acomoda sus cabellos detrás de la oreja, a modo de caricia. Ella sigue de espaldas y no dice nada. Solo siente un cosquilleo en el pecho, y cierta emoción en su cabeza. Aunque sigue relajada.
Ella también se tienta, no sabe de qué. Gira la cabeza y lo mira. Se preguntan qué estará pensando el otro. Él no puede detener sus impulsos, sus dudas viejas al fin logran aclararse. La ama, y quiere que sea suya. Su corazón resona fuertemente, casi queriendo salir de su cuerpo. Se acerca despacio mientras la toma de la mejilla. Ella piensa que no está allí. Lo único que sabe es que quiere estar ahí con él. Y está feliz por eso.
Sus labios se tocan levemente, hasta terminar en un beso lleno de pasión escondida. Nadie dice nada, solo Vaughan sigue cantando. Sus labios se presionan con lentitud, sin separarse. Luego de momento se alejan. Se miran, se aman.
Ella pierde la confianza que tenía, toma vergüenza. Pero se siente viva ya. Se vuelve a su posición inicial. Él no entiende demasiado. Le encantó. Piensa que no le gustó, asi que se sienta nuevamente. La mira por un rato y luego mira la ventana.

Siente una fuerte presión en la mano. Ella se la había tomado con fuerza. No quería que se vaya. Pero no quería hablar. El silencio era perfecto. Todo era perfecto.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Capítulo 6, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 6

Envuelto en mi frazada, con un café en las manos. Hacía frío a pesar de ser verano. Desde el sofá observaba la ventana. Silencio. Había olvidado como me gustaba el silencio. El reloj de la pared resonaba: tic, tac, tic, tac. Se oían apenas las hojas de los árboles de afuera, junto con una leve brisa. Mi respiración, profunda y fuerte. Un suspiro sale como renunciando a todo. Cerré mis ojos por unos segundos, con la mente en blanco. Bebí un sorbo de café y me levanté.
Tomé la camisa y salí de la casa. El sol ayudaba a que mi cuerpo se temple. Me acerqué de a poco hacía aquella puerta de roble, también calada como la mía.

Golpeé la puerta algo despacio, tal vez por miedo o por timidez. Preguntan quién es. No respondo, se me cerró la garganta. La puerta se abrió de repente y se asomó ella.
Sus labios carnosos pintados de rojo escarlata me tentaban demasiado.
— Hola— Rompí el silencio.
— Hola.
— ¿Cómo estás?
— Si viniste solo a preguntarme eso entonces retírate.
— No, no. Sólo que…
— Adivino, eres de los típicos hombres que ven a una chica bonita y ya se la quieren tirar. Y andan de aquí a allá con muchas mujeres.
— N-No. De ser así hubiera sido más rápido.
Empujó la puerta para cerrarla, pero la trabé con mi pie.
— No quise decirlo de esa manera. Sólo quiero conocerte— Me sonrojé un poco.
— Ese cuento ya me lo dijeron. Eres como todos los hombres. Mira, estoy ocupada y no quiero perder más tiempo. Retírate por favor y sigue con tu vida.
— En realidad no tengo una.
— Bueno entonces búscala tú mismo.
Cerró la puerta de un portazo.

—Eso hago.

Me di por vencido, no soy un tipo muy valiente ni entusiasta. Preferí siempre mantenerme en un perfil bajo. Me volví para mi departamento.
Me volvió el frío. Dejé las llaves en la mesa y me senté nuevamente en el sillón. Otra vez envuelto en la frazada. Esperando… ¿Esperando qué? No lo sé.
Me estiré y me puse a revolver los cajones de la mesa ratona. Lo encontré, mi cuadernillo. Era un aficionado al dibujo. Retrataba todo lo que veía, ya sea un objeto o algo vivo.
Ya que no tenía nada que hacer decidí dibujar algo. A ella, en realidad.
Cómo podía olvidarme de sus hermosos rasgos. Su pequeña nariz, los ojos brillantes y celestes. Su cabello rizado en las puntas, no sé cómo hacía para que le quede de tal manera.
El silencio me acompañaba junto a mis trazos.

Algo me interrumpió. Alguien tocó la puerta. Me levanté casi de un salto, “Sabía que debía esperar”, pensé. Abrí la puerta.
Una joven se me abalanzó y me abrazó de repente. Me quedé sorprendido. Al mirarle la cara no la reconocí.
— ¡Hey!
— ¿Hola?
— ¿No me recuerdas? Soy Olive, la de la tienda del otro día.
Me había olvidado completamente de ella. Con tantas cosas en la cabeza ni se me pasó que esta chica volvería a verla.
— Si, ¿Cómo podría?- mentí.
— ¿Puedo pasar?
La mujer pasó sin dejarme responder y se quitó su abrigo para luego dejarlo sobre el sofá. Quería estar tranquilo y solo, lo último que me tenía que dejar mi mala suerte era a esta muchacha de la cual no quería tener nada relacionado con ella.
— Así que… ¿Cómo es que llegaste aquí? Hablo de la ciudad.
— Emm… realmente no quiero hablar de eso ahora. En realidad no quiero hablar de nada.
Se me acercó de repente y me tomó de la mandíbula.
— Así que quieres ir directo al grano, ¿eh? Sabía que no eras de mucha habla.
Expresó una carcajada que me hizo estremecer, luego me besó de la nada. Traté de quitármela de encima pero la chica se abalanzaba sobre mí. Comenzó a desvestirme hasta que pude detenerla. La tomé de los brazos tratando de no lastimarla.
— ¿Qué pasa? ¿Quieres ser tú el que dirija? — Dijo agitada por los besos.
— No, detente.
Me eché para atrás. Tomé sus cosas y se las extendí a modo de rechazo. Realmente me sentía incómodo. Detesto a las chicas que se regalan, es degradante. Y más degradante es pensar que yo aceptaría algo como eso, y que seguiría su sucio juego de lenguas.
No me gustaba ser irrespetuoso con ella, desde pequeño me prometí nunca faltarle el respeto a una mujer. Pero creo que esa situación me sacó de quicio.
— ¿Me estas echando?
No respondí, solo la miré fijo. Se arregló un poco el cabello y se acercó otra vez.
— ¿Cuál es la razón? No me digas que no soy atractiva para ti, me rompería el alma.
“¿Qué cosas está diciendo?, si ni siquiera me conoce”, pensé.
— No es eso— un poco de lástima me vino al pecho— Es solo que… me gusta mucho otra persona como para poder hacer algo así con otra.

Se quedó en silencio un rato, mirando la nada.
— Amor… eso debe ser fuerte. ¿La amas? ¿De quién se trata?
— No sé si la amo, no he hablado mucho con ella aún.
— Dime quien es, por favor.
Acerqué su abrigo y su bolso a sus manos, con tal de no responder la pregunta. No quería que supiera quien era, no era algo que le incumbiese.
— No me iré hasta que me digas.
— ¿Para qué quieres saberlo? No sabes nada de mí ni de mi vida, solo querías estar conmigo una noche quien sabe porqué razón.
Con la cabeza gacha hizo una pausa. Luego dijo algo en un tono muy bajo que no logré escuchar.
— No te oigo.
— ¡Me siento demasiado sola! — Gritó— Solo quería sentir como si un hombre me quisiera otra vez. Cuando te vi en el mercado, te vi tan simple, tan tranquilo. Me recordaste a mi ex pareja. Él era tan pacífico y hermoso, y yo…. lo amaba tanto.
Rompió en llanto. No sabía cómo tratar con la situación. Se sentó en el sofá.
— Pero luego vinieron los problemas. Me dijo que yo era muy invasiva. Traté de alejarme un poco, pero no funcionaba. Llegué hasta el punto de no hablarle, aun viviendo juntos. Pero dejó de mirarme con los ojos que me miraba antes. Ya no sentía lo mismo por mí. Ahora estoy aquí, ahogando mis penas con alguien que no conozco, que tampoco le importo y seguro soy una molestia. Nadie va a quererme nunca.
La abracé fuertemente. Realmente daba pena, y me sentía identificado con su historia. Mi ex pareja tampoco me dio el cariño que yo esperaba. Y peor que eso, me dejó por otro hombre.
—Mírame. — Levanté su cabeza levemente— no porque alguien no te haya valorado se termina todo. La vida sigue aún. Eres muy hermosa, pero debes esperar a tu hombre. Sé paciente, ya conocerás a alguien que te ame. No sigas impulsos inútiles.
Sus ojos brillaban, ella ya había dejado de llorar. Se sorbió los mocos. Dio un gran suspiro y se levantó del sofá.
— Gracias… y perdón.
Tomó su abrigo junto a su bolso. Luego se dirigió hacia la puerta. Antes de salir, me miró e hizo una pausa.
— Solo por curiosidad, ¿Quién es la chica a la que buscas?
Sonreí divertido por la repetitiva pregunta que ya no tenía ninguna utilidad. Me acerqué a la ventana junto a la puerta y le señalé la ventana frente al bar. Estaba cerrada.
— Es una mujer muy misteriosa, nunca sentí tanta intriga por algo o alguien.

Sonrió y se fue.

sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo 5, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 5

Desperté con un agudo dolor de cabeza. La fuerte resaca me pegó como nunca me había pegado. Tenía demasiado sueño. Miré el reloj en mi cómoda y ya eran las 12:30 del mediodía. Aún en la cama me quedé pensando en lo que pasó la noche anterior. No recordaba muy bien todo. Tenía mezclado todo y no solo en mi cabeza, sino también en mi estómago.
Me levanté para encender la radio. Pero luego me tenté otra vez a ir a la cama así que me eché. Escuchando un suave tango del que no conocía, cerré los ojos y descansé la vista.
No tenía ganas de nada. No quería trabajar ni salir, quería dormir todo el día o simplemente no hacer nada.

De un momento a otro recuerdo cuando ella vino. Se me viene a la cabeza su rostro enfadado. No entendí bien por qué era que se había enojado. Ni tampoco por qué había venido.
“¿Habría venido por mí?”, pensaba tontamente.
Acepto que las mujeres sonrientes me pueden, pero se ven muy tiernas al enojarse. Me recuerdan a los caprichos que hacía mi madre para pedirle algo a mi padre. Cuando se amaban, claro. Con los años ya se fueron poniendo viejos, y ya no sentían lo mismo entre sí. Mi madre no me había tenido muy joven, me habrá tenido alrededor de los 35 o 40 años. No le entusiasmaba la idea de tener muchos hijos, de todos modos siempre me quiso y me educó como la mejor de las madres. La extraño. Ella aún vive junto a mi padre, a pesar de no amarse siempre fueron los mejores compañeros entre sí. Eso me alegra, siempre me alegró.

Decido levantarme, pero sólo por una razón: curiosidad. Me dirigí hacia la ventana de la sala de estar. Corrí la cortina y miré hacia la casa de la joven. Su ventana estaba cerrada, lástima.
Volví a la cama. Me sentía un vago, tenía mucho sueño. Cerré los ojos y me dejé llevar por la música de la radio, hasta quedarme totalmente dormido.

Me desperté sobresaltado, no entendí muy bien por qué. Miré el reloj y eran las 16:10. Me levanté rápidamente, me puse los zapatos y la camisa para entrar al trabajo.
Llegué casi corriendo, aunque tenía la suerte de vivir a poco menos de media cuadra. Saludé a mis compañeros y me puse el delantal para comenzar a trabajar. Llevé un par de cafés por una mesa. Luego un cortado para uno de los señores que siempre venía junto a su compañero a leer el periódico.
— ¿Has visto esto? “Se cancelan todos los vuelos hacia América por reclamos”. Al parecer mi nieto no podrá viajar en estos días. — Le comentaba uno al otro.
Seguí limpiando las mesas junto a la barra. Miré a ver si se encontraba Boris, pero no lo vi. Por coincidencia me llama la señora de la mesa, la mujer la cual Boris deseaba.
Me acerqué y con un poco de confianza le pregunté si tomaba lo mismo que las últimas veces. Asintió con la cabeza y con su cara amargada de siempre.
— ¿No ha venido?
— Me temo que no. Ayer tuvo un día movido.
Bajó la mirada y para no incomodarla me retiré. Mi compañero me pidió si podía suplantarlo unos diez minutos porque había olvidado algo en su casa. Acepté sin problemas. Me dijo los pedidos que ya habían sido hechos para llevarlos a las mesas.

Cumplí entregando todo. Fui a buscar a la barra un vaso de wiski. La habían pedido de una de las mesas situada afuera, lejos de la puerta. Me parecía raro que pidieran alcohol desde tan temprano. Lo puse en la bandeja y me dirigí hacia afuera. Estaba la joven, hermosa y reluciente.
— ¿Cómo le va señorita? — Le dije con ánimo mientras apoyaba el vaso sobre la mesa.
Ella me miró con cara seria.
— Perfectamente. ¿Acaso le importa?
— Más de lo que cree, estoy seguro.
Voltea la mirada, como ignorándome. No la entiendo.
— ¿La he ofendido?
Se levantó despacio, me miró con furia.
— A ti no te pagan por hablarle a la gente. Déjame en paz.
Tomó su bolso y comenzó a caminar hacia su casa. Intenté detenerla.
— Espera, no quise ofenderte si lo hice— me sentía muy confundido, no comprendía nada. — Por favor siéntate y sigue con lo tuyo.
Se detuvo. Sus ojos eran tan hermosos, un color celeste del color del caribe.
— Gracias, pero ya no tengo ganas de nada.
Y con eso se retiró sin más. Hasta había cambiado el modo en el que se dirigía hacia mí. Volví al café. Me apresuré a atender las mesas.


Luego de un largo rato se me acerca el dueño, con una sonrisa me pregunta: “¿Te gusta la jovencita de enfrente?”. Me sobresalté por su pregunta, me daba un poco de vergüenza decirlo. Además no quería que ella se enterara.
—Solo hablé con ella un par de veces, no es nada.
— Ya veo. De todos modos ten cuidado, es una chica complicada. — comentó riéndose.
— ¿La conoce?
— No he hablado mucho con ella, pero viene de vez en cuando a tomar wiski. Se instaló hace un año aproximadamente. Es un tanto solitaria.
— Eso creí. Aunque no la conozca, siento que debe tener su lado divertido.
— ¡Por supuesto! Adora los sábados de fiesta que se forman aquí. Hasta la he visto por la ventana bailando swing en su departamento. Siempre tiene las ventanas abiertas.
— Hoy las tiene cerradas. ¿Es raro?
— Supongo que debe estar en malos días. No es seguro, pero para mí que cuando está con problemas cierra las ventanas. A modo de encierro y pensamiento.
— A pesar de que sea alguien complicado resulta muy misteriosa e intrigante.
— Pero es bastante histérica al parecer. Pero me cae bien. Te recomiendo hablarle más. Visítala.
— ¿Visitarla? No sé ni su nombre.

Me palmeó la espalda y se fue hacia la barra. Me quedé pensativo. Deseaba tanto conocerla, pero no entendía por qué me odiaba tanto. O eso me imaginaba. No me terminaba de cerrar la idea de que se haya enojado por la reunión de anoche.

domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo 4, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 4

Me desperté temprano a pesar de no haber dormido en toda la noche. Solo pensaba en ella. Decidí ir de compras antes que Roger pasara por mí. Por suerte tenía un mercado a dos cuadras de mi casa, así que no debía transportarme mucho. El día estaba agradable, había sol pero con la brisa fresca que había no me afectaba mucho el calor. Nunca me decidí si preferir el invierno o el verano, cada estación tiene sus virtudes.
Caminé a paso lento y en eso de cinco minutos llegué. Le pedí al hombre de la verdulería un kilo de manzanas y algo de lechuga. No acostumbraba a comer mucho, así que era bastante delgado. Luego fui a comprar un poco de carne y me volví hacia mi casa.
En el trayecto sentí que alguien me seguía. En realidad desde que salí del mercado. Volteé la mirada y vi que detrás de mí había una mujer de unos veintitantos, más o menos mi edad.
Me estaba mirando, pero luego de unos segundos habló.
— Disculpa la interrupción, pero quería saber algo ¿Usted es el nuevo empleado en el bar Le Voyage à L'Oubli?
— Sí. — Fui breve, tal vez un poco descortés con la dama. Pero no tenía ningún interés en establecer una conversación con ella. Estaba algo apresurado por que llegara Roger.
— Ah. Emm…— Hizo una pausa, como si no supiera qué decir. Yo amagué para irme.
Me toma del brazo de repente-al parecer la gente no tenía problema en tomar confianza en esa ciudad- y luego prosigue.
— ¿Has visto la ciudad? Quiero decir, ¿La has recorrido?
— No, aún no. Tampoco creo que haya mucho que observar, es un pueblo pequeño y no es de las grandes ciudades como Le Mans.
— Pero no quita que sea un hermoso lugar. Tienes muchos sitios para visitar: La Tour de la Chaine, la catedral St. Louis, la iglesia St. Saveur.
— Espero verlos pronto. Muchas gracias.
— ¡Espere! Yo conozco muy bien la ciudad, si quieres puedo acompañarte a recorrer los mejores lugares. Hasta los más especiales y secretos.
Asentí con el cabeza, un poco confundido. ¿Qué es lo que estaba buscando esa chica?
— Bueno, gracias. Si me disculpas, debo irme.
—Ah, ¿vas para aquel lado? Yo debo ir por el mismo lado. Te acompaño.
Me daba un poco de pena, no era una mujer fea. Se la notaba muy alegre, pero me daba la sensación de que realmente necesitaba un poco de compañía.
— Si quieres, ven.
Con una pequeña sonrisa se puso junto a mí y comenzamos a caminar.

Al llegar a la puerta de mi casa le dije que siguiera sola. Ella me dijo que iba a pasar a buscarme algún día de la semana para llevarme a recorrer la ciudad. No le dije que iría ese día con un amigo porque creí que era algo más bien personal. Además no quería desilusionarla. Antes de marcharse, por alguna razón me abrazó. Fue uno de los momentos más incómodos que sentí. No la conocía para nada y de un momento a otro me abrazó. No supe ni cómo responder a ese acto. Me soltó y con un “adiós” se fue.

Entré a mi casa, todavía confundido. Dejé las bolsas de compras sobre la mesa y me fui a cambiar rápidamente antes que viniera Roger.
En efecto, mi amigo llegó apenas terminé de cambiarme. Tocando la bocina de su coche me llamaba para que saliera. Cerré la puerta del departamento y lo saludé con la mano desde lejos.
— ¡Hey! Sí que eres puntual.
— ¿Andabas tan ocupado? ¿O te anduviste distrayendo con cierta señorita de la ventana?
— En realidad apareció otra mujer.
Arrancó el coche y comenzamos a andar. Una carcajada de él se mezcló con el ruido del estruendoso motor.
— Andas de casanova entonces. No te veía como un hombre de muchos ojos.
—No, no. No es que me la pase mirando mujeres. Era solo una chica que conocí hace un rato en el mercado. No me interesa en lo absoluto.
— Ha ha, y yo no como pasto, amigo. Acéptalo, andas un poco solo ¿No?
— Cree lo que quieras, yo ya te dije la verdad. — Suspiré profundo.
Me enfoqué en mirar la ciudad antes que seguir discutiendo por una estupidez. Realmente la chica tenía razón, el pueblo era hermoso. Había muchas calles arcadas. Y a pesar de ser arcos simples, le proporcionaban un detalle diferente a las calles comunes. Más lejos podía observarse una iglesia gótica. Esta se veía bastante conservada del siglo XIII.
— ¿Esa es la St. Sauveur?
— ¡Qué raro que la conozcas! Sí, es esa. Pero no es mi favorita. Es muy…simple. Presta atención a la siguiente. El Campanario Saint Barthélémy.
Un gran edificio que parecía ser una iglesia antiguamente. Con un gran campanario en la parte superior. En realidad este tipo de diseño nunca me había gustado, pero le daba un tono triste a la ciudad que me gustaba. Es como los días de lluvia, cuando llueve todo se ve gris y triste. Pero son hermosas las tardes de lluvia, el agua cae sin detenerse y acompaña al silencio de uno.
Por otro lado podía observar el mar azul, el aroma marino y la humedad salada. Nunca había tenido tiempo para viajar a una ciudad con mar. La gente estaba con sus reposeras disfrutando el sol de la mañana. Los niños jugaban en la orilla con diferentes gorros de colores. El puerto era muy grande, había muchos botes y barcos. No sé mucho de barcos y marina.
Realmente me gustó, aunque siempre voy a preferir mi ciudad. Sin dudas Le Mans era mi lugar favorito.

Luego del recorrido en coche, mi amigo se detuvo para caminar por las calles de La Rochelle. Nos metimos en un callejón donde tenía varios cafés para descansar por un rato, ya había visto algo parecido en la otra ciudad. Aquí en Francia son bastante comunes. Aproveché para contarle más sobre la chica de la ventana a Roger mientras tomábamos un café en uno de los bares.
— Me gustó la ciudad, es diferente a lo que acostumbro pero me gustó.
— La idea es que empieces algo nuevo. Así también te armas el rompecabezas y disfrutas más de tu vida, amigo.
— Si, lo sé. — Di una pequeña pausa y me incliné hacia el tema— Hey, ¿recuerdas a la mujer de la que te hablé?
— ¿Todavía sigues amarrado a eso? ¿Por qué no le hablas en vez de darle tantas vueltas a la chica?
— En realidad ya hablé con ella. — Puso cara de asombrado y se rio— O lo intenté…
— Espera, ¿Cómo que lo intentaste?
— Mmm, ósea apenas me animé a preguntarle su nombre.
— ¿Nada más? ¿Y cuál es?
— No me lo dijo— Dije un poco avergonzado.
De repente larga una carcajada y hace que la pareja sentada junto a nosotros nos mirara con cierto odio.
— Bueno, al parecer es peor de lo que imaginé. Yo te enseñaré cómo desprenderte de esa personalidad de marginado que te invade. Hagamos esto, hoy empezaremos con un poco de soltura. ¿Sí?
— Okey— dije con algo de dudas.
— Entonces, clase número 1: soltura. ¿Qué te parece que es lo que más nos suelta a las personas?
Me quedé pensando, me daba gracia la situación de todos modos.
— ¿Dormir?
— ¡Reacciona un poco! ¡El alcohol! Obviamente.
— Pero yo nunca bebo.
— Con más razón.
En fin, la conversación terminó en reunirnos en mi nuevo departamento a modo de “estreno” e iba a traer a unos amigos suyos para que vaya conociendo gente. Luego de pagar los cafés terminamos el recorrido y pasamos a buscar a estos amigos suyos.
El primero que subimos al coche era muy corpulento y algo tonto, daba algo de miedo pero aun así no me importó. Otro era bajo y charlatán, me hacía preguntas a cada momento. Y por último estaba el hombre de la barra, me sentí un poco aliviado y feliz ya que conocería a alguien que vería diariamente y no me sentiría tan sólo.

Carcajadas, un par de vasos rotos y música fuerte salían de mi casa. Imagínense que como yo nunca tomaba me pegó demasiado rápido el alcohol. Nos pusimos a jugar a las cartas, apostando cosas sin sentido. Nos reíamos de todo.
— Bueno, creo que tenías razón amigo. El beber es lo que más nos suelta. ¡Mírame!
— ¡Ahora ve a buscar a esa chica y llévala a la cama! — Me dijo con un tono muy fuerte, casi gritando. Me dolía el estómago y no sabía si era por el wiski o por la risa.
— Yo no la quiero para eso.
— ¡Bueno, no hace falta una cama! — Agregó el más bajo.
— Les digo que yo no soy así. Además creo que es una chica diferente.
— Todas son diferentes. Unas son rubias, otras morochas y hasta las hay pelirrojas.
El hombre de la barra, que por cierto su nombre era Boris, se quedó callado y serio. Parecía un poco triste.
— No eres el único con problemas de amores, hijo. — Dijo. Todos nos quedamos en silencio.
— ¿Qué sucedió? No me digas que cupido te metió otro flechazo por las nalgas. —Comentó Roger.
Reventamos de la risa con tal frase. Ya nuestras conversaciones perdían la seriedad.
— La mujer que viene al bar a tomar té todas las tardes, no puedo con ella. Realmente no me animo. Estoy demasiado sólo y ella es tan hermosa.
— Bueno, entonces probemos con algo. Ahora hagamos que yo soy la mujer que desean— Roger se levantó poniéndose la manta del sofá como una falda. — Ustedes deberán decirme lo que piensan como si yo fuera su “amada”.

Riéndonos de la situación nos pusimos a imitar a cada uno, perdiendo masculinidad pero pasándola de lo mejor. La música resonaba fuerte, era una especie de swing.
— Ahora voy a invitar a la dama a que baile conmigo esta pieza— Dije con vos chistosa. Bailando como monos nos reíamos sin parar.

De pronto sonó la puerta. Alguien estaba tocando. Fui a atender, balanceándome de derecha a izquierda con muy poco equilibrio. Al abrir la puerta estaba la chica. Me quedé helado otra vez.
Todos la miraron y luego de dos segundos explotaron a carcajadas.
— ¿Podrían bajar la música un poco? Se escucha desde mi departamento. ¿Acaso no tienen respeto por los demás?
Me quedé perplejo. Asentí con la cabeza. No entendía por qué semejante enfado cuando en realidad no era para tanto.
— ¡Hey, bonita! ¿No te nos unes? — Gritó el grandulón.
Enojada se marchó. Mis nuevos amigos me trajeron de nuevo para adentro del departamento para seguir con la fiesta.

sábado, 13 de julio de 2013

Capítulo 3, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 3

Luego de terminar con la puerta me cambié y me dirigí hacia el café para empezar a trabajar. Según me comentó otro mozo, compañero mío, los sábados eran los más movidos. Algo así como que disfrute. No comprendí bien el significado de sus palabras, pero tampoco le di mucha importancia. Algunas caras ya las tenía vistas, el par de hombres del día de ayer vinieron. Al parecer acostumbraban juntarse en este lugar. Yo realmente nunca había ido a tomar un café a algún lado, no era algo que me llame mucho la atención. Creo que tampoco tenía con quien, y solo no me animaba. No tenía sentido.

Luego de llevar algunos cafés a las mesas ubicadas junto a la puerta, me asomo al ventanal. Ella vivía en frente, y yo lo sabía. Antes no había mirado para arriba hacia los edificios. Uno siempre pasa y nunca mira hacia arriba, tal vez le prestamos atención a muy pocas cosas. O solo yo.
Su ventana estaba abierta, y las cortinas bailaban por el viento. Esperaba a que se asomara, pero no lo hacía. Un movimiento brusco interrumpió mis pensamientos. Era Roger que me zamarreó para que bajara a tierra.
— ¡Hey! ¿Qué estás mirando? Andas un tanto distraído.
— ¿Qué? Ah, mmm…no, no pasa nada. ¿Qué haces por aquí?
— Venía de visita para ver cómo te estaba yendo en la ciudad. Mañana pasaré por ti para que la conozcas.
— ¿A quién? — pregunté pensando en ella.
— A la ciudad, a quién más. Bueno, me retiro. Vine de pasada. Estate listo por la mañana.
Asentí con la cabeza. Eché un pequeño vistazo a la ventana de la chica y luego volví a mi trabajo.

Ya estaba oscureciendo. “Toma muchacho, lleva esto a la mesa cinco”, me dijo el hombre de la barra entregándome una bandeja con una copa de Martini. En aquella mesa se encontraba una mujer de unos treinta y tantos años. Se la notaba triste y cansada. Su rostro expresaba una especie de amargura. Apoyé la copa frente a ella sobre la mesa y me retiré. Pero algo me lo impidió. La mujer me tomó del brazo, me miró y me dijo “Yo no pedí nada aún, ¿a qué estás jugando conmigo?”. Me puse un tanto nervioso, y tartamudeando le dije que yo no había sido. Le señalé con el brazo al hombre de la barra.
Su cara cambió completamente al mirarlo. Una extensa sonrisa salió de ella. No entendía muy bien, no sabía que una persona podía cambiar totalmente el humor de otra. Nunca había sido muy romántico, la timidez que tenía me lo impedía. La mujer me agradeció feliz y dejó que me retire.
De repente bajaron las luces del bar. Como si estuviera todo un poco más oscuro. Me acerqué a mi compañero para preguntarle qué pasaba. Dijo que los sábados por la noche siempre venía un pequeño grupo a tocar para nuestros clientes. Las luces bajas le daban un muy buen toque a la cálida noche de verano que pasaba. Un hombre con un saxofón pasó a la parte más vacía del café y comenzó a tocar una melodía que me resultaba conocida. Era realmente agradable el ambiente. El lugar estaba lleno de gente contenta y tomando algún trago. Ya eran las 12 de la noche y mi jefe me dijo que podía retirarme. Pero no lo hice, no quería hacerlo. Me sentí cómodo al fin en este nuevo lugar. Sentí que mi vida estaba cambiando.
Mi corazón se paralizó de repente. Ella estaba frente a mí mirándome, sentada en una mesa sola.
Me quedé helado. Una sensación de escalofríos me recorrió la espalda a pesar del calor que hacía.
— ¿Acaso tengo algo en la cara? — preguntó tocando su mejilla, algo insegura.
— No, lo lamento. No es nada. Aquí está su pedido.
Le entregué su vaso de wiski y me quedé parado junto a ella. Luego de unos segundos me mira otra vez y hecha una pequeña risa. Resultaba muy tierna, era tan esbelta y parecía muy frágil.
Me retiré para no incomodarla más de lo que había hecho. Me arrepentí un poco, no sabía de qué hablarle. Quería conocerla, pero yo nunca había sido bueno conociendo personas. En general las personas se acercaban a mí.

Era la 1 de la madrugada y ella se levantó de su asiento para retirarse. Me alarmé, así que me acerqué a ella y le hablé.
—Hey. Mmm… ¿Puedo preguntarte algo?
—Creo que ya me preguntaste algo. — Volvió a echar la misma risita de antes— Dime.
— ¿Cómo te llamas?
Se quedó mirándome por unos segundos. Sonriente y hermosa, parecía muy segura de sí misma.
— ¿Para qué lo quieres saber? Ya sabes donde vivo, no tendrás que preguntar a alguien si me conoce.
Me quedé mudo. Se acordaba de mí. De cuando la vi en la ventana el día anterior.
—Adiós. — Y con esa última palabra se retiró del café.

Mi corazón latía a mil por hora.

viernes, 12 de julio de 2013

Capítulo 2, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 2

Un sol abrazador pasó por la ventana, hace que me piquen los ojos. Algo aturdido traté de levantarme. Pasé al pequeño baño ubicado junto a la cocina y me lavé la cara. Al mirarme al espejo observé las ojeras moradas de mi rostro. “Hoy será un día movido”, pensé.
Me acerqué hacia la ventana para correr las cortinas, pero me inquieté con algo. Frente a mí pasó una mujer bellísima. No logré entender bien cuál era la razón, pero no pude evitar sonreír. Me sentí vivo. Abrí la ventana y me asomé para verla. Ella estaba a 10 metros caminando a paso lento.
Llevaba un Pañuelo verde azulado en la cabeza y una falda plegada hasta la rodilla, lo que llamarían las mujeres “a la moda” para esa época. Llevaba sus labios de un color rojo escarlata.
Un encanto de mujer. Luego de que cruzara por el café donde trabajaría la perdí de vista.

Pasado el mediodía, luego de haber almorzado y de terminado de instalar en el departamento. Decidí cruzar hasta el café-restó de la esquina. Entré al lugar y hablé con un hombre que estaba tras la barra. Con simpatía me indicó lo que debía hacer y me pasó un uniforme para que comenzara a trabajar.
Llevaba cafés, tés, pasteles de mesa en mesa sin problemas. Soy un tipo de buen equilibrio, por suerte. El día fue enérgico, la gente charlaba entre si y de vez que cuando saltaba alguna risotada de un par de hombres que tomaban café y leían el periódico de la tarde.
Luego de las once y media de la noche aproximadamente, el dueño del lugar se me acercó nuevamente con la misma simpatía.
— Gracias a Dios Roger consigue gente buena para mí. Felicitaciones, si quieres puedes retirarte por hoy.
Y al terminar la oración extendió la mano con un sobre de dinero. Asentí con la cabeza y le sonreí agradecido. Volteé y me dirigí hacia la puerta.

Al salir la veo. No sabía si era una imaginación de mi cabeza por haber pensado en ella todo ese día. Su bello rostro seguía conteniendo el mismo color de labial rojo oscuro, pero esta vez llevaba ropas elegantes. Un vestido del mismo color que el pañuelo de esa mañana, y un escote poco pronunciado hacía resaltar su delgado cuello y marcando las curvas de su cuerpo.
Siguió su camino otra vez, y la perdí de vista…otra vez. Me quedé quieto y pensativo, frente la vereda del restó. Mirando la nada misma. Hasta que caí nuevamente a la “realidad”. Un hombre junto a mi estaba mirándome con cara de rareza. Me sentí algo incómodo. Me preguntó si me sucedía algo, y con un simple “No” me retiré hacia mi departamento.

Al llegar cerré la puerta de un portazo y suspiré fuertemente. Luego de unos segundos encendí el velador de la mesa junto al sofá y me senté desprendiendo el moño de mi uniforme.
Más tarde me preparé un café y fui a cerrar las cortinas. Al acercarme a la ventana en mi mente me imaginaba a la chica pasando otra vez, ignorándome como cualquiera lo haría. Pero al mirar a la calle no había más que persianas cerradas de las casas de enfrente- que probablemente estarían vacías- y las luces que resaltaban del café de la esquina. Se destacaban las luces rojas que enmarcaban las letras del cartel principal: “le voyage à l'oubli”. Curioso, creo. Será que el destino me estaba molestado, o me quería dar alguna señal. No me parece coincidencia que el nombre del bar se llame “El viaje al olvido”. Recordar mi pasado es lo último que elegiría en la lista.

Me pareció ver mucha gente para ser un simple viernes por la noche. Tal vez era simple para mí nada más. No es que yo disfrute de mi vida día a día aprovechándolo y viviendo al límite con lo que adoro hacer. Es más, extrañaba tocar el piano. Cuando era pequeño mi madre se dedicó a enseñarme modales y a ser un caballero, y entre todo eso estaba el tocar el piano.
Ella tocaba como nadie que haya escuchado. Plasmaba una paz en cada tecla, y con un sonido suave lograba relajarme todas las tardes. Mi padre en cambio no tocaba ningún instrumento, él no me demostraba mucho cariño. Era alguien más bien serio, aunque yo creo que estaba serio solo por la timidez de expresar mucho amor. Sin embargo lo he encontrado más de una vez bailando con mi madre al son de la música. Por desgracia no se animaba a bailar frente a los demás, o al menos frente a mí. Me ponía contento cuando se me acercaba y se le escapaba una sonrisa cuando le traía algún juguete mío que tallaba con mis propias manos en madera y se lo obsequiaba. Lo amaba mucho a mi padre, lamentablemente no lo veía hace mucho al igual que a mi madre. Se mudaron a Rusia luego de haberme independizado a los 20 años.
Sentí una sensación de inseguridad hacia mí. Con ya mis 24 casi 25 años de edad y ya quedé en bancarrota tan pronto.
Mi café se había enfriado. Lo dejé sobre la mesada de la cocina y me fui a dormir.




La mañana siguiente me desperté bastante tarde, eran ya las 11 de la mañana. Al cambiarme observé otra vez la cortina de mi ventana. Pensé en ella. -¿Si me asomo como ayer la veré de nuevo?-pensé reiteradamente durante un rato.
Decidí no imaginarme cosas. Qué peor que imaginarse un futuro con alguien que no volverás a ver. Sólo sueños tontos.
Ese día iba a lijar la puerta de entrada y pintarla, no me gustaba tener que vivir en algo añejo. Busqué las lijas y la pintura, Me puse una camiseta un poco sucia y salí afuera para comenzar. El sol del mediodía era el más fuerte, lo había olvidado. Apenas corría una corriente fresca desde el sur. Empecé a lijar.
El sudor acompañaba mi piel y caía como lágrimas. Afortunadamente el calor me ayudaría al secado rápido de la pintura blanca.
Al finalizar con esa etapa volteé para buscar el pote de pintura. Evidentemente el destino se la había tomado conmigo y estaba jugando. Ella se encontraba en la ventana del primer piso del edificio frente al café. Una ventana grande para lo que parecía el edificio.
No sé si fue por el calor o por la chica, pero de a poco me faltaba el aire. Me quedé observándola por un rato. Ella solo estaba sentada frente la ventana, era de esas que llegaban al suelo y se abrían para adentro.
Esta vez no tenía un pañuelo ni nada relacionado. Sino un fresco vestido color salmón que entonaba con su piel perfecta. Sentada allí quien sabe qué haciendo. Al menos ya sabía dónde vivía.
Ella me miró repentinamente, de un golpe se levantó y cerró las cortinas. Una sensación de curiosidad, exaltación, emoción y un poco de todo me llegó al cuerpo.


Quería conocerla.

Capítulo 1, El rompecabezas de la vida.

Capítulo 1

Luego de un largo viaje, un poco cansado, esperé a mi amigo Roger, quien me pasaría a buscar. Él fue muy bueno conmigo. Yo me encontraba en una situación lamentablemente desastrosa. Perdí mi trabajo en mi ciudad natal, y no había vacantes laborales en ningún lugar. Apenas podía pagar mi departamento, y apareció él. Hace tiempo no lo veía, lo extrañaba mucho. Lo conozco desde pequeño, íbamos juntos a la primaria. Él me llamó por teléfono luego de dos semanas de mi despido. Recuerdo que hablé un rato bastante largo con Roger, tantas cosas para contar.
 Luego de un par de anécdotas de nuestra infancia, me preguntó cómo estaba actualmente. Al contarle mi situación de manera vergonzosa, sin dudarlo me ofreció un lugar donde quedarme. Este lugar no era de las mejores condiciones pero quedaba muy cerca de donde necesitaban un ayudante de trabajo. Lo malo es que él no hablaba de mi ciudad, de la espléndida Le Mans, sino que debía viajar hasta La Rochelle, ciudad que no conocía en lo absoluto. No llevo la costumbre de viajar fuera de la ciudad, siempre adoré Le Mans. Tuve la suerte de poder vivir frente la catedral Saint-Julián, la atracción principal en la ciudad. No entraba muchas veces, pero adoraba su arquitectura y su antigüedad.

Viajé en tren con algo de dinero que tenía ahorrado. Sabía que extrañaría mi ciudad por un tiempo, pero debía rehacer mi vida. Mi última relación había sido hace 10 meses atrás, la cual terminó por el engaño de mi novia junto a mi vecino de al lado. Con mi corazón hecho pedazos,-aunque ya superado bastante- mi falta de trabajo, y con una vida monótona y aburrida era necesario cambiar las cosas.

—¡¡Julien!! – Gritó Roger con entusiasmo.




Mi cara se transformó de repente. Una amplia sonrisa se enmarcó en mi rostro. Sentí un tirón en el pecho, con tantos disgustos que había estado padeciendo hizo que la alegría me golpeara de repente. Se me acercó y me abrazó calurosamente. No lo veía cambiado. Era el mismo con el que había festejado el último año nuevo hace un año, el último de los alegres.

— Ha pasado tiempo, ¿no? Me alegra mucho verte, y gracias por la ayuda. No sé cómo voy a poder compensártelo.

— No es problema, todos necesitamos ayuda en algún momento. Esta vez te tocó a ti.




Subimos a su auto y me llevó hacia donde me iba a hospedar. Quedaba cerca del centro comercial de la ciudad, pero era bastante tranquilo. Era una zona agradable a comparación con el barullo que producía la zona céntrica.

— Es aquí— dijo Roger mientras abría la portezuela del coche— Es algo pobre, pero con un par de reparaciones y algo de pintura quedará como nuevo.

Me quedé observando la entrada. Era una puerta un poco simple hecha de madera que se notaba ya un poco erosionada y resquebrajada. A pesar de la primer vista era bonito por dentro. Era un pequeño departamento con una sala-comedor con cocina integrada y a un lado una habitación más amplia de lo que había imaginado. Contenía algunos muebles viejos y una cama de metal algo oxidada.

Le agradecí con todas las palabras que se me ocurrió decirle. Me sentía avergonzado por haber tenido que acudir a la ayuda de alguien por cuestiones económicas.

— Deja de agradecerme, es un gusto hacer esto. Verás lo hermosa que es esta ciudad. A mí me trajo a una nueva vida.

— Espero que tengas razón- me reí- ¿Y dónde dices que trabajaré?

— Allí en esa esquina- dijo señalando a través de la ventana— en ese café-restó. Trabajarás de mozo por la tarde y por la noche. Te adaptarás bien, siempre se rodea de buena gente.

Sentí algo de miedo, detesto empezar cosas nuevas. Soy bastante tímido y cerrado, así que no creí en las palabras de mi amigo.

Luego de una pausa agregué:

— ¿Cuándo empiezo?

— Hoy hablé con el dueño, así que comienzas mañana, Julien. — Tragué saliva— No te preocupes, te conozco bien como para saber cómo te sientes. Relájate, duerme bien, y mañana te visitaré en el café. Ah, y entras a las 16 hs. Hasta cuando te digan que te retires.

Tomó su abrigo y lo puso detrás de su hombro. Me miró y sonrió, y luego se fue.



Por un lado me sentía aliviado, pero por otro estaba estresado por tantos pensamientos que se me venían a la cabeza. No conocía la ciudad, ni a las personas de este nuevo lugar. Aunque me sentía contento por poder aventurarme en algo desconocido. Esperaba que mi vida no surgiera otra vez con la monotonía de siempre.

viernes, 21 de junio de 2013

Olvidos.

Luces bajas, amarillentas rebotan en la gran sala. Se oye claramente el bullicio de la gente cenando. Algunas toman vino. Una carcajada sale de la mesa junto al ventanal. 
 La voz de una hermosa y esbelta mujer resalta en el pequeño escenario. Se torna aguda y luego muy grave. El saxofón la acompaña. Las mesas mas aproximadas a ellos logran disfrutar las suaves tonadas. 
 Él entra al resto-bar. La observa atentamente, apreciando su dulce mirada. Ella no lo nota, sigue con lo suyo como si nada.
 Él se dirige hacia una mesa junto al escenario. Al lado suyo está el contrabajista, quien lo observa fijamente.  Se acerca el camarero. Le pide una copa de vino tinto, su favorito. 
 Ella lo observa por un momento y corre la mirada rápidamente. Su rostro se ve diferente, como si estuviera pensando en otra cosa. Algo preocupada.
  Toma un pequeño sorbo de su bebida y se limita a escuchar un momento a la banda. Tocan un estilo de jazz bastante relajado. Le gusta.
 Las luces del lugar hacen que el reflejo de los ojos de aquella dama reluzcan cual diamantes. Él se pone de pie y se acerca a la mesa de la mujer. Pide permiso para sentarse en la silla vacía de la mesa, la mujer asiente. Se miran por un rato, que para ellos se vuelve interminable.
 Ella sonríe, algo nerviosa. Voltea la cabeza hacia la ventana y mira la luna. Cuarto menguante. 
- Me das intriga y curiosidad- Dijo el hombre.
- Eso es raro. ¿Cuál es la razón?- se ríe.
- Vienes cada noche aqui. En la misma mesa, con la misma bebida. Siempre observando la ventana.
 Las pequeñas mejillas se sonrojan en su rostro, luego responde.
- Veo que me has observado bien. Creo que es una costumbre mía. Es una manera de olvidar y vivir otra vez.
Se produce una pequeña pausa. La banda de jazz comienza un nuevo tema.
- No te entiendo. ¿A qué te refieres?
- ¿No sientes a veces que quieres estar tranquilo en un solo lugar sin interrupciones? Eso es lo que hago. Olvido a mi ex esposo, mi fortuna, mis deseos. Soy solo yo.
Él lo piensa un momento. Luego se levanta de la silla para retirarse. Ella lo toma del brazo.
- ¿Quieres ser parte de mi tranquilidad?
Con una amplia sonrisa vuelve a sentarse.

Blog

Me gusta el nombre de mi blog porque da para pensar ¿Por qué habrá elegido ese nombre? Bueno, en realidad no la pensé demasiado en el momento. Un libro que me encanta es "A tres metros sobre el cielo", al leer eso me hace acordar a las melosidades que tiene el amor-cosa que no me gusta porque nunca me senti tan enamorada como para decir algo asi- entonces a base de ese título quise hacer la contrariedad: "A tres metros bajo la tierra". Algunos podrían pensar que es algo referido al infierno, porque es bajo tierra. Bueno, nada que ver.
 Sin embargo hay otro punto de vista que no le había visto al elegirlo. Este es uno que realmente me identifica. Yo realmente me siento cómoda teniendo mi propio espacio, alejandome un poco de la gente. No siempre, pero creo que cada uno también lo siente. Entonces al decir "bajo la tierra", puede ser algo así como mi cueva o mi refugio, el lugar donde yo me siento bien. Y ese lugar también es mi blog, acá me expreso como quiero, y no me interesa cómo juzguen otros mi escritura. Yo sola me juzgo, bien o mal pero lo hago.
 También ese nombre puede referirse a un tema de personalidad. Con el tema de la timidez donde hay veces que uno prefiere esconderse porque tiene miedo o verguenza. Eso me pasa muy seguido, tal vez también se interprete así.
 Con mucha imaginación podriamos imaginar que bajo esos 3 metros de tierra haya algún mundo de fantasía hecho de imaginación. Donde puedo ver mis sueños, pensamientos, etc. Me gusta ese.
 ¿Y por qué es que el título del blog se llama "The writer"? Tampoco lo sé muy bien. Tal vez porque me gustaría llegar a ser una exitosa escritora, para que la gente aprecie como yo lo que siento. En realidad quiero ser mil cosas, de las que no puedo jaja.
 Creo que el título del blog tiene muchisimo menos sentido que el "A tres metros bajo la tierra".

Candela Spagnuolo. (Futura no escritora)

Cold.

No tengo ganas de nada. Me despierto a la mañana, miro la hora en mi celular. Son las 10:30. No me quiero levantar. Hace frío. Vuelvo a dormir.
Me despierto de golpe. Ya son las 12:30. Mis hermanas me piden que me levante. No quiero.
 Nuevamente como todos los días, me levanto. Desayuno tardisimo, me cambio la ropa. Ordeno mi cuarto y luego almuerzo.
 Luego de eso, tampoco tengo ganas de nada. No tengo mucho que hacer mas que estudiar, o tal vez meterme en internet. No tengo ganas tampoco de ponerme a hacer planes.
Tengo sueño...todo el tiempo.
 Me siento en la cama y miro mi carpeta de estudio. Y nada...
 Bostezo, me dan ganas de dormir otra vez. Tal vez lo hago, tal vez no.
 Ya no sé que música escuchar, no encuentro momentos de inspiración. No quiero salir.
 Hace frío. Estudio un poco, luego lo dejo. Al rato miro mi computadora un rato. No sé bien para qué. Y vuelvo a mirar la carpeta.
 Es aburrido. Pero tampoco tengo ganas de divertirme. Solo pienso. Pienso en personas, lugares, vidas. En la mía. Pienso en sueños raros, en cosas que me gustarían que pasen. No me quejo porque no sucedan, se que si le pongo ganas se cumplen. O tal vez no.
 Me voy a preparar un café. El frío debe estar afectandome. Me da un poco de gracia. Es la invernación, creo. Todo da fiaca y no hay ganas para nada. Hasta el verano no paro. O no lo sé.

lunes, 17 de junio de 2013

Buenas Tardes.

Es un día soleado y son las 15:57 de la tarde. Miro por la ventana, los árboles, las casas y algunas pocas nubes en el cielo. No me gusta, hace frío y hay viento.
 Prefiero una tormenta negra, resultan mas interesantes o divertidas, ya que los relámpagos llevan grandes sustos que a veces causan gracia.
 Me siento cansada, pero creo que solo estoy tranquila. Tengo puestos mis auriculares, sonando Louis Armstrong sobre mis oídos.
 Debería estudiar, pero sólo quiero pensar y escribir un poco. Bostezo.
 Observo otra vez las casas. En uno de los techos pasa un gato negro mirándome. Le saco la lengua como si él fuera una persona también. Me dan ganas de dibujarlo, pero no lo hago. Nunca fui buena dibujando animales y en especial felinos.
 Mi hermana está hablando, ni la escucho. No solo por los auriculares, no quiero hacerlo. Simplemente estoy concentrada en otra cosa.
 Concentro mi vista en los edificios de al lado que por alguna razón un día se me había dado por dibujarlos. No tienen un diseño o arquitectura especial, ni siquiera son lindos. Las paredes están llenas de moho verdoso y hay alguna que otra reja oxidada. Siempre quise estar en el balcón de alguno de esos y mirarme a mi misma de lejos. Tal vez responderme un saludo o hacerme señas.
 Me agarrá frío, la estufa no está encendida. Ahora observo el bar de la esquina de enfrente. Se ve algo desnuda porque le están sacando el toldo de la entrada y solo quedan fierros al descubierto. Se ve chiquito y borroso. Me hace acordar que debería ir al oculista algún día.
 Pienso dónde me gustaría vivir. Un departamento cerca de un bar muy habitado, no. Mejor que el balcón del departamento apunte directamente a un bar, así observaría a las parejas y personas que irían y asi inventaría mil historias sobre cada una.
 Y vuelvo a la realidad. Mi hermana encendió la T.V. Me resulta molesto, me desconcentra y aún con auriculares la siento.
 El sol ya se escondió tras las casas, pero aún es de día. Son las 16:22 según mi reloj. Termina un tema de Rita Lee en mi reproductor, entonces busco un tema de Art blakey & The jazz messengers. Moanin', me encanta esa canción. Se me viene a la cabeza la persona quien me la mostró por primera vez. Mentalmente le agradezco.
 Pienso de nuevo en la tormenta, ayer hubo una. No duró mucho, quería que pasara. Adoro la lluvia.
 Me pican los brazos, mi sweater me pincha la piel, llevo mangas cortas en efecto.
 Busco otra birome en mi cartuchera ya que me quedé sin tinta. Ésta cartuchera la tengo de hace años, la hice yo misma. Tiene muchas historias encima. A los costados tiene escrituras algo borroneadas. "Ricota PR", "Pidaña", "Never Shout Never". Me pone a recordar a mis amigas. Ya no las veo tan seguido, las extraño. Muevo el cierre y saco mi segunda birome.
 Mi hermana apaga la T.V. Sonrío. Vuelvo a mirar al cielo por mi ventana. Hay mas nubes que antes, pero no tantas como deseo. Pienso buscarles figuras escondidas, y lo hago. Aparece un perro. Me gustaría tener uno, sería buena compañía. Ellos no juzgan.
 Decido terminar y así estudiar. Son las 16:38 hs, y escucho Blue Train de John Coltrane.
 Creo que esto es demasiado aburrido para que alguien lo lea.

                             Buenas tardes...

 Candela Spagnuolo.

Cosplay Kyoshi.

Hace como tres meses- no con exactitud- emprendí una meta de la cual no estaba exactamente segura de llegar. Esta trataba de crear un cosplay diferente a los que hice, y con mas elaboración.
 Para los que no saben exactamente que significa "cosplay" les explico un poco cómo es. En lo que es la comunidad "otaku" o "friki", se intenta recrear un personaje de un manga, cómic o animé. Representando el personaje ya sea por la vestimenta y la actuación. Estos cosplay se muestran en convenciones de manga, animé y cómic.
 Esperando la próxima convención, trabaje duro tratando de recrear un cosplay que para mi realmente valiera la pena. Por desgracia no se coser bien, pero siempre trato de hacer lo mejor que pueda. Mis cosplays anteriores fueron horribles, con muchísima desprolijidad, con telas inservibles y baratas, y con muy pocos detalles. Y esta vez lo logré.
 El día de ayer hubo una convención de animé, allí iba a exponer el traje y participar en un concurso de cosplay. Llegué a eso de las 13 hs. Había muchisima gente, mas de lo común. La gente se amontoncaba en los stands de venta. Yo comencé a recorrer todo el lugar visitando mis partes favoritas, las exposiciones de dibujo, la parte de Harry Potter.
 A eso de las 15hs decidí cambiarme. Fui al cambiador y tardé eso de una hora en terminar de ponerme todo el traje. Tuvieron que ayudarme un par de amigas para ajustar la armadura a mi cuerpo, y también para maquillarme un poco la cara.
 Al salir del cambiador empezamos a pasear con Claudia, mi mejor amiga. Todos se me quedaban mirando. Algunos se quedaban pensando el nombre del personaje al no recordarlo, otros me señalaban y me felicitaban por mi trabajo. Y de la nada empieza a acercarse mucha gente a pedir fotos.
 Creo que es de las mejores sensaciones que pasé. El sentirse parte del personaje, la adoración de la gente al personaje y a el trabajo que le dí. Hasta un par de personas me dijeron que me estaban buscando solamente para sacarse una foto conmigo. Y repito, no me quitaban la mirada de encima.
 Para exagerar podría decir que me sentía una especie de "famosa"-ya se que suena estúpido-.
 Al llegar la hora del concurso, subí al escenario. Odio esa parte, siempre me pongo muy nerviosa. Mis manos me tiemblan, mas bien yo tiemblo completa. Mis mejillas se sonrojan y me causa mucho calor. Lo mejor de este cosplay es que al tener la cara maquillada de blanco no se notaba mucho.
 Lamentablemente yo no había preparado nada para exponer sobre el escenario, así que improvisé algunas posiciones con los abanicos del personaje y bueno, salio lo que salió. En el final me trabé, no sabía que mas hacer. Me quedé parada unos segundos y me bajé.
 No gané nada, pero valió muchísimo la pena. Ya sea la plata, el esfuerzo y el tiempo, todo lo valió. Agradezco a toda la gente que me felicitó, igual acepto que todavía me falta mucho para hacer un cosplay bien. Al menos este salió bien, con sus detalles pero bien.
 Es una sensación exaltante.

 Candela Spagnuolo.



sábado, 8 de junio de 2013

Música.

La música. Ha! Qué tema! no? Hay una amplitud realmente grande sobre este tema. Yo voy a hablar solo de los puntos de vista y otras cosas.
 La música para mi son sentimientos. Uno escucha música y le gusta porque esa canción le llevó a tener un sentimiento que le ha gustado y por eso lo ha elegido. Alguien que valora mucho la música sabe qué género usar en cada momento. La música es un compañero, que nos sostiene en la tristeza y nos alegra en la felicidad. Que nos ayuda a despejar la mente de una manera pacífica.
  Yo creo que no importa la variación o los cambios de géneros en una persona. A uno le puede gustar mucho el pop pero porque nunca se había puesto a escuchar rock, y así tal vez cambiar su favoritismo.
 En lo musical hay mucha libertad, eso resulta hermoso. Cuando hay por ejemplo un hombre tocando el saxo toca una melodía de la canción, pero siempre le pone su propio toque y autenticidad y sobretodo, disfruta de esa autenticidad. Este se suelta y le pone pasión a una canción. Es un sentimiento admirable del que me gustaría ser parte.
 Todavía no comprendo bien a la gente que no escucha música, osea no se pone a hacerlo. Hay veces que la música es una necesidad. Mas que nada es una necesidad en la adolescencia, donde chicos y chicas buscan su estilo o personalidad en un género musical. Algunos eligen el rock porque se descargan de enojos en contra de la sociedad o de si mismos, otros prefieren reggaton  porque son mas extrovertidos y les gusta bailar, etc.
 Yo estoy en esa mezcla de casi todo, menos cumbia y reggaton. Me gusta muchísimo el jazz, me encanta el post-hardcore, me gusta el indie rock, algunos cantantes de los 70's u 80's. Y disfruto cada uno en su respectivo momento. Podría decir que amo la música, porque es mi vía de conducción a mi mundo. Es el momento donde me desconecto del mundo.
 Con la música uno es llevado a crear cosas, a la imaginación o inspiración. A historias inventadas, a realidades, recuerdos. La música es arte, cada uno lo ve del lado que quiera.

Y así es como lo veo, y eso que es a simple vista.

Candela Spagnuolo.

viernes, 24 de mayo de 2013

Mi infancia.

Siempre anduvimos viajando con mi familia, o al menos mudándonos de casa en casa. Habré estado en 4 casas diferentes y habré pasado por 6 colegios en mi infancia.
Tendría eso de 7 u 8 años, en esos días donde yo vivía en Puerto Madryn y lo único que me importaba era cómo iba a vestir a mi muñeca Barbie cuando llegara a casa. Me gustaba dibujar mucho, siempre lo hice, además mis papás siempre me apoyaron en eso aunque no me saliera tan bien. Recuerdo que estaba empezando el año en el colegio y acostumbrada siempre  a que cada año tuviera nuevas personas junto a mí, ya que cambiaba de escuelas cada año. Asustada e ingenua me resignaba a ir al colegio, discutiendo estúpidamente con mi mamá.
Al llegar al colegio, ingresé a mi aula y observé las personas que había. Estupidamente me puse contenta. Cuando llegué a casa le dije con astucia a mi mamá “¡Tengo los mismos amigos que el año pasado!”
Recordarlo ahora me da vergüenza, pero es aceptable, era muy pequeña.
Creo que mi infancia fue algo movida. Cuando estuve en Bariloche-Lugar donde nací- disfrutaba mucho el colgarme de los árboles que había en el patio de mi casa, raspándome los dedos con las ramas y cayéndome unas cuantas veces, luego llegar a casa y sentir las manos pegajosas por la resina o trementina de las hojas. De chica nunca tuve mucho asco a la suciedad. Con mi hermana nos poníamos en el patio a hacer tortas de barro y lo decorábamos con flores que encontrábamos en el piso. Teníamos una cocina de juguete donde siempre  encontrábamos arañas, no sé muy bien donde habrá quedado esa cocina.
Algunas veces cuando venían unos amigos nuestros nos juntábamos en nuestra habitación y con una caja alargada, un banquito, un micrófono de juguete y dos palitos hacíamos nuestra propia banda recreando algunas canciones de los Beatles. Nuestro mayor éxito era “Get back”.
Otros días grabábamos nuestra propia radio llamada “Boom”, donde dábamos reportajes de noticias de revistas Genios que ya se habían puesto viejas. En esos momentos mi hermana mayor se unía con nosotras.
Con Vale nos gustaba mucho creer que nos íbamos de campamento. Entonces hacíamos nuestra propia carpa en la habitación, poniendo entre las dos camas una sábana muy grande que nos servía de techito. Y jugábamos hasta aburrirnos.
Con mis papás fuimos un par de veces a acampar a los bosques de Bariloche. Daba un poco de miedo pero era divertido. Mi mamá era maestra jardinera, entonces siempre se le ocurrían juegos para que no nos aburriéramos.
Mis tías nos enviaron un día una caja con disfraces y ropa vieja. Ese día fue muy divertido, ya que se nos había ocurrido hacer nuestro propio casamiento. Teníamos un vestido de novia, el cual se lo había puesto Valeria. Y a mí me había tocado de hombre. Florencia, mi hermana mayor nos esperaba en el altar- la escalera de la casa- donde íbamos a casarnos. Tengo un poco borroso ese día, pero es una anécdota más.
Los días de nieve eran los más lindos. Los pies se hundían en el agua congelada, haciendo un ruido totalmente reconocible. En la ciudad había silencio total, ya que no muchos autos salían y sobretodo que los ruidos no rebotan tanto en la nieve. El cielo era totalmente blanco, y de vez en cuando caían algunos copos de nieve. El frío te helaba las manos y el cuerpo pedía irse de allí a un lado más cálido, pero uno disfrutaba del clima. Al estar dentro de casa, ya dejando las treinta camperas que te enchufaba mamá para no resfriarse, y tomando algo calentito. Tal vez mirando por la ventana o algún dibujito en la tele. Cuando íbamos a los cerros para tirarnos en lo que se llaman “culipatín”-no muchos usaban trineos- en esos días me he pegado cada caída. Pero la adrenalina de las bajadas era tan excitante que no importaba el tener que subir otra vez hasta tan arriba.
Siempre acostumbraba a salir a andar en bicicleta o en patines por la vereda, y así era como hacía amigos en el barrio. Creo que resultaba molesta golpeando siempre la puerta de la vecina de enfrente para salir a jugar.
Una vez con mis hermanas pegamos un colador en la lámpara del techo haciendo que estábamos en una discoteca.  Otra vez grabaron entre mi papá y mis hermanas una película casera de “La cenicienta”-la cual sigo teniendo tal grabación-. Un día encontramos un perro entre unas cajas y mi mamá nos dejó tenerlo por un día. Y un día de mucha imaginación nos juntamos con Valeria y hacíamos que traficábamos sal, hasta le poníamos sus respectivos nombres secretos.
Los cumpleaños eran los mejores días del año. Mis papás siempre fueron muy imaginativos con respecto a…..…a todo en realidad. Nuestras tortas de cumpleaños siempre eran originales, desde una torta con forma de Minnie Mouse, hasta una torta que había salido mal y le dieron forma de teleférico. Sino, habían tortas con muñequitos y casas de galletitas, castillos de cartulina, y un hongo gigante. Bailando ridículamente canciones ya muy viejas. O estando en peloteros enormes.
 Las navidades de esas épocas también eran épicas para mí. Generalmente en las fiestas nos juntábamos con unos amigos de mis papás quienes tenían dos hijos muy amigos de nosotras.
Veíamos películas, jugábamos juegos de mesa y después a las doce nos hacían salir al patio a mirar el techo a ver si veíamos a Papá Noel. Ingenuamente les creíamos y lo esperábamos enérgicamente. Al tocar las doce empezábamos a tirar los famosos “chasqui bum” que reventaban en el piso, y a veces en los pies del otro. Entrabamos a la casa y veíamos que junto a la chimenea se encontraban todos los regalos. Con una enorme sonrisa, abríamos los regalos gritando de alegría y mostrándoles a nuestros papás el regalito que les había dado Papá Noel.
Cuándo no, otros días se nos daba por hacer casitas del árbol. Simplemente mi papá había puesto un tablón de madera entre dos ramas y lo había atornillado. Ahí nos sentábamos e imaginábamos que era nuestra enorme casa propia. Me causa gracia la imaginación que tenía en ese momento.
 En verano mi mamá nos llevaba al lago para descansar un poco. El agua ahí es helada, pero cuando uno vive con nieve se acostumbra- o algo así-. Los paisajes de ahí son inolvidables, ¡imagínense meterse al agua mirando las montañas! Era genial. Lo que molestaba eran las piedras dentro del agua, donde uno se patinaba y debía pisar con ojotas porque sino lastimaban. La de ojotas que perdí ahí, ya no me acuerdo.
Papá ponía una pileta pelo pincho que nos había regalado mi abuela, en su momento nos parecía enorme. Nos pasábamos horas y horas en el agua. Y venían todos nuestros amigos del barrio a meterse. Recuerdo que un día me había asomado a la pileta y me agaché tanto que terminé dentro del agua. Mientras tanto Valeria no hacía más que reírse de mí, aunque a mí también me había causado.
Cuando nos mudamos a Puerto Madryn, nos instalamos en un dúplex muy grande cerca de una plaza. No me gustaba mucho esa ciudad, creo que la gente y el clima no me gustó mucho. Todo muy seco o muy ventoso. Ahí jugaba con los vecinos de al lado, que variaron mucho ya que se mudaban y llegaban otros nuevos.
En vacaciones jugábamos con bombitas de agua o íbamos a la playa. Por mala suerte en general nos tocaba el mar con muchas algas o aguavivas. A veces sin olas también, pero igual se podía disfrutar del sol.
Nunca fui muy deportiva ni nada de eso. Recién a los ocho años aprendí a andar en bicicleta sin rueditas. Pero aun así yo prefería saltar la soga o el elástico. Adoraba jugar a las Barbies y ver televisión. La típica chocolatada y dibujitos no se le olvida a nadie.
Creo que ahora de grande me puse un poco más seria y vergonzosa, pero me encanta recordar anécdotas. Creo que me ponen un poco más viva y me hacen sentir bien. Mi infancia habrá sido movida, pero fue una muy buena infancia.

Gracias a mi mamá por regalarme buenos momentos  e imaginación. Gracias papá por impulsarme en mis dibujos y creaciones. Y a mis hermanas por estar conmigo en algunas travesuras.

Candela Spanguolo.

Amor...

Hoy vi a mi hermana mientras hablaba por teléfono con su novio, me resultaba algo molesto lo "azucaradas" que eran sus conversaciones. En general no soy muy romántica así que no me parecía tierno. Pero me puse a pensar, ¿qué se sentirá el estar enamorado?
 En mi poca vida he salido con algunas personas, de las cuales nunca sentí algo muy fuerte, algo de los que no me pueda despegar. Creo que eso se debe a que no estaba enamorada. Cuando la vi a mi hermana deseé poder llegar algún día a querer a alguien tanto como ella hacía con su novio, aunque en ese momento no me gustara lo meloso.
 Al ver en películas o a tus amigos cuando están con sus parejas, se nota que disfrutan de la compañía del otro- Cosa que siempre en mi se me complicó por mi costumbre de estar sola- En sus ojos se nota la sinceridad de las palabras, una sonrisa que les resulta inevitable cuando se miran. Algo de vergüenza o tal vez timidez al pedirse algo. Las manos tomadas como si nunca quisieran separarse, aún cuando hacen 30°C a la sombra.
 ¿Uno sabe cuando está enamorado? Eso aún ahora me retumba en la cabeza. Tal vez me haya pasado, pero no le di importancia. Aunque si es como dicen que es un sentimiento muy grande, no creo que se lo pueda pasar por encima.
 Admiro a la gente que se ha enamorado, presiento que disfrutó cada minuto de su sentimiento. Me gustaría no tener dudas con lo que siento por las personas, así yo no salgo lastimada ni los demás tampoco.
 La vida creo que es complicada para mi gusto, y eso me resulta muy molesto. Tener sentimientos, tener que hacer cosas, es mucho lío. Pero sin eso la vida no tendría sentido, ¿no?
 Aunque haya días que deteste a la gente en pareja, creo que en el fondo disfruto de su felicidad y eso me relaja, creyendo así que algún día me tocará a mi...

Candela Spagnuolo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Mundos Diferentes...

Hoy tenía que ir a los exteriores de una vieja amiga mía, y esto me llevó a pensamientos o reflexiones que los quiero llevar a mi blog sólo por diversión.

Salí de mi casa con mi campera nueva y mis auriculares. Busqué en mi música la carpeta de jazz y le puse play. Pensaba que iba a llegar tarde, ya que me retrasé un poco con la computadora y creo que tan solo no tenía ganas de ir.
Todo estaba mojado, no me había dado cuenta de que había llovido antes. Maldecía la humedad al sentir como poco a poco mi cabello se inflaba a causa de éste. De todos modos disfrutaba del olor a tierra mojada que inundaba mi nariz.
 Caminaba y caminaba sabiendo que no lo quería hacer, pero debía hacerlo, esta amiga siempre me había acompañado. Aunque ya mucho no hablamos, aún le tengo mucho aprecio pero últimamente me doy cuenta que somos muy diferentes, el tiempo nos ha cambiado.
 Al llegar a su casa, que quedaba a eso de 20 cuadras de la mía, me quité los auriculares y la saludé. Un barullo de voces se escuchaban por detrás. Eran mis antiguos amigos, con los cuales ya no me hablo ni me interesa hacerlo y tampoco quiero discutir con otros lo mismo de hace años. Todos estaban divididos en grupos, gritando, riendo. Yo estaba contra la pared, observándolos con cuidado, viendo que ya no somos niños y encontrando rasgos diferentes a los que conocía. Su manera de hablar era de alguien de la calle (no me malinterpreten, hablo del tono wachiturro o eso), tenían grandes buzos y gorras colgadas del pantalón. Unos hablaban de salir a bailar y otros de el chico que les dio bolilla la semana pasada.
Nada interesante ni nada donde me pueda meter. Mi amiga se fue a hablar con el hombre que nos iba a grabar y me quedé sola, y así como por 40 minutos. El de la cámara no nos grababa todavía, y el día se iba poniendo más oscuro. Ese no era mi lugar, no acostumbro a estas reuniones y a esa gente, mi mundo no se basa en música movida y bailes con amigos.
Al sentirme arrinconada y aislada, amagué a ponerme mis auriculares y sentir que no estaba ahí, pero no lo hice. Luego de 10 minutos no lo dudé y me los puse. Presioné el botón de play y salió un tema de Sarah Vaughan, ya no sabía ni qué mirar así que solo observé la ventana y no quité mucho la vista.
 Al caer las 5:38 decidí que era hora de irme, no me sentía cómoda  y se iba a hacer de noche. Saludé a mi amiga y me fui.
Podía haberme tomado el colectivo, pero preferí caminar para despejarme un poco. También porque hace mucho no salía a caminar y pensar.
Me detuve un momento, mis zapatillas se habían embarrado por la tierra de la plaza. Rezongué un poco y seguí mi camino. No me sentía cansada, tenía calor y me resultaba muy extraño ya que hacía mucho frío afuera. Lo único que me preocupaba era mi mamá cuando llegue a casa, sabía que se iba a enojar porque estaba oscureciendo y yo no había llegado aún. Y tenía razón, pero dentro de todo la pasé bien caminando y creo que eso no me lo quita nadie.


Candela Spagnuolo.