Otra vez era domingo, tenía el día libre para salir a donde quiera. No sabía realmente a donde, creo que tampoco tenía muchas ganas de salir. Pero de alguna manera me sentía sofocado dentro de mi departamento. Demasiadas cosas en la cabeza, recuerdos del pasado que no quería ni sentir.
Decidí salir a la costa, cerca del puerto. Hace tiempo no salía solo a caminar.
Caminaba y caminaba sin pensar en nada. Como si tuviese la mente en blanco. Disfrutaba del sonido de las olas romper. Y un intenso olor salado, de ese mar revuelto.
El cielo era gris. Las nubes estaban trayendo la lluvia. El sol no se veía, aun así era agradable estar afuera, caminando.
Como un flashback, una imagen vuelve a mi cabeza. La muchacha llorando. Sentí una inquietud luego de recordarlo. Me sentía preocupado, pero no me daban las agallas para buscarla. Tenía miedo y no sabía de qué. Comencé a detestarme por tener que estar siempre amarrado a mis miedos y mi timidez. El simple hecho de salir a hablarle a aquella muchacha me intimidaba.
Esto no podía ser una simple coincidencia. No digo que me siguiera, pero ni que esto fuera como las típicas historias románticas.
Ella estaba sentada allí, en una banca de la plaza. Ni en mis descansos mentales me puedo liberar de la tentación hacia aquella mujer.
A pesar de todo, me sentía relajado, dejando de lado todos mis miedos y sintiéndome confiado, de alguna manera, me acerqué a ella.
La mujer se encontraba sentada en la banca con un libro entre manos. Su cabello estaba esponjado y algo revoltoso a causa de la humedad del ambiente. Sus labios color carmesí resaltaban en su pálido rostro.
Me paré frente a ella. Subió la cabeza lentamente, terminando así de leer la última oración del párrafo.
—Buenos días-dije amistosamente.
—Buenos días.
Un silencio que parecía interminable se puso en escena. "¿Por qué esto es tan complicado?" pensé.
—¿Qué haces por aquí?- pregunté. "¿Realmente soy tan importante como para que tenga que informarmelo? Es algo que no me incumbe"
—Solo vine a pensar. Además espero a alguien.
"Perfecto, había otro hombre"
—Es el día mas indicado para pensar.
Mira hacia el cielo gris, casi está por llover. Me mira con rareza.
—Las lluvias de verano. No hace frío, el sonido de las olas chocando contra el cuelo es relajante, y a mi parecer, es como si nada importara.¿No crees?-Me expliqué.
Creo que hablo dolo. Solo me mira como si fuera un extraterrestre.
—Sí, tal vez. No ando con ánimos de pensar mas de lo que veo.
—¿Cómo te sientes?
—Bien, mal, elige tú.
—Suena mas a un mal que a un bien-dije. Luego metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón-¿A qué se debe?
—No quiero aburrirte con mi vida. Ve a hacer lo que hacías.
—Caminaba sin rumbo así que no me molesta. Cuentame, soy todo oídos.
Suspiró profundamente y cerró su libro.
—Sientate-me ordenó. Obedecí y me posé sobre la banca mirando hacia adelante, de frente había unos rosales enormes.
Se quedo en silencio, mirando fijamente a la nada misma.
—¿No crees a veces, que la vida no tiene sentido?
—Ciertamente. Es una de las mas grandes incógnitas del ser humano.
—Todos creen que el sentido lo elige uno mismo, como es el enamorarse, ser alguien importante, entre otros.
—Es verdad. Pero tal vez es un cuento mas. Enamorarse es algo que surge solo, al igual que la vida, surge sola. Todos hacemos cosas sin un fin determinado y no por eso nos tenemos que poner a buscarle un sentido.
Se quedó en silencio nuevamente, como reflexionando internamente.
—Siento que me falta algo-dijo.
—¿Algo material?
—No, me refiero a...No lo sé, no sé qué es lo que digo. Me siento sin ánimos de nada.
Las nubes negras comienzan a hacer su efecto. Pequeñas gotas caen de a poco hacia el suelo. Un aroma a tierra mojada asoma en mi nariz. ¡Qué placer!
—Tal vez podamos cambiar eso-dije-¿Qué te parece salir los dos juntos a distraernos de todo? He visto lugares hermosos.
Sonrió con un corto suspiro.
—Suena tentador, pero no me siento con ánimo. Prefiero volver a casa, Y tal vez escribir algo.
—¿Escribes?
—Si, hago pequeñas historias que invento basandome en personas que veo. Mas que nada las gente del bar.
—Bueno, podrías escribir mentalmente-dije.
Me miró con extrañeza.
—El hombre se levanta de la banca y le extiende la mano a la dama-me levanté y extendí mi mano hacia ella.
Cuando logra comprender que estaba imitando a un texto, me siguió el juego.
—La dama, un tanto confundida, también se pone de pie. Presiente que su cabello se veía mal a causa de la humedad-dijo ella riéndose.
—Él no le suelta la mano, de modo que ella no podía salirse. A paso ligero trata de llevarla por la costa.
—Ella sin ganas lo sigue. Pero se detienen.-se frena de golpe- lo mira lentamente, con un poco de ternura. Él le ofrece llevarla a su casa.
Me miró como esperando a que lo diga. Sonriendo repliqué:
—¿Le gustaría que la lleve a mi hogar? El día no es el mejor para andar afuera.
Riéndose respondió.
—Mejor entre conmigo, invito un café en mi departamento, dijo la dama.
Asentí con la cabeza. Cada vez llovía mas fuerte, y sin soltarle la mano caminamos hacia su casa. El agua ni siquiera nos preocupaba. Supuse que no había tal hombre con quien se encontraría, ya que no volvió a nombrarlo.
Afortunadamente no estábamos muy lejos de su departamento. Mi cabello rojizo desprendía gotas de agua, mojando así mi rostro. Me sentía vivo.
Entramos a su departamento. Fue hacia la pequeña mesa bajita junto a la ventana y puso un disco de vinillo en el toca discos. Comenzó a sonar una canción de Louis Prima, se llamaba “Sing, sing, sing”. La conocía muy bien.
Moviendo la cabeza se me acercó. Era irresistible su mirada
—Vamos, yo sé que quieres bailar. Esta canción es perfecta— Y con una amplia sonrisa me tomó de las manos y comenzó a bailar.
Trataba de seguirla, pero nunca había bailado. No sabía cómo se hacía.
Ella se divertía y reía moviendo sus pies siguiendo el ritmo de la música. Me encantaba. Era tan perfecta. La adoraba, unas ganas de besarle me inundaron la mente.
Bailaba sin cesar con tal gracia que emanaba una alegría bellísima. Mi corazón latía fuerte. A pesar de mis pasos un tanto patéticos, disfrutaba del baile tanto como ella. Más que el baile disfrutaba de ella.
Al terminar la canción amagó para soltar mis manos, pero no la solté. Mis manos estaban heladas. Me acerqué lentamente a ella, quedando a pocos centímetros de su rostro. Me miró dulcemente con sus ojos oscuros y me sonrió.
Se alejó de repente y se sentó frente a la ventana. Me quedé algo confundido, ¿qué era lo que había pasado? Parado a espaldas suyas la observé. Era tan hermosa, tan impecable, tan…diferente. Las luces del café pasaban a través de la ventana iluminando la habitación. Ella miraba afuera sin un rumbo específico, estaba pensando.
Me senté junto a ella y también me puse a pensar.-¿Qué estará pasando por su mente?- pensaba.
