domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo 4, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 4

Me desperté temprano a pesar de no haber dormido en toda la noche. Solo pensaba en ella. Decidí ir de compras antes que Roger pasara por mí. Por suerte tenía un mercado a dos cuadras de mi casa, así que no debía transportarme mucho. El día estaba agradable, había sol pero con la brisa fresca que había no me afectaba mucho el calor. Nunca me decidí si preferir el invierno o el verano, cada estación tiene sus virtudes.
Caminé a paso lento y en eso de cinco minutos llegué. Le pedí al hombre de la verdulería un kilo de manzanas y algo de lechuga. No acostumbraba a comer mucho, así que era bastante delgado. Luego fui a comprar un poco de carne y me volví hacia mi casa.
En el trayecto sentí que alguien me seguía. En realidad desde que salí del mercado. Volteé la mirada y vi que detrás de mí había una mujer de unos veintitantos, más o menos mi edad.
Me estaba mirando, pero luego de unos segundos habló.
— Disculpa la interrupción, pero quería saber algo ¿Usted es el nuevo empleado en el bar Le Voyage à L'Oubli?
— Sí. — Fui breve, tal vez un poco descortés con la dama. Pero no tenía ningún interés en establecer una conversación con ella. Estaba algo apresurado por que llegara Roger.
— Ah. Emm…— Hizo una pausa, como si no supiera qué decir. Yo amagué para irme.
Me toma del brazo de repente-al parecer la gente no tenía problema en tomar confianza en esa ciudad- y luego prosigue.
— ¿Has visto la ciudad? Quiero decir, ¿La has recorrido?
— No, aún no. Tampoco creo que haya mucho que observar, es un pueblo pequeño y no es de las grandes ciudades como Le Mans.
— Pero no quita que sea un hermoso lugar. Tienes muchos sitios para visitar: La Tour de la Chaine, la catedral St. Louis, la iglesia St. Saveur.
— Espero verlos pronto. Muchas gracias.
— ¡Espere! Yo conozco muy bien la ciudad, si quieres puedo acompañarte a recorrer los mejores lugares. Hasta los más especiales y secretos.
Asentí con el cabeza, un poco confundido. ¿Qué es lo que estaba buscando esa chica?
— Bueno, gracias. Si me disculpas, debo irme.
—Ah, ¿vas para aquel lado? Yo debo ir por el mismo lado. Te acompaño.
Me daba un poco de pena, no era una mujer fea. Se la notaba muy alegre, pero me daba la sensación de que realmente necesitaba un poco de compañía.
— Si quieres, ven.
Con una pequeña sonrisa se puso junto a mí y comenzamos a caminar.

Al llegar a la puerta de mi casa le dije que siguiera sola. Ella me dijo que iba a pasar a buscarme algún día de la semana para llevarme a recorrer la ciudad. No le dije que iría ese día con un amigo porque creí que era algo más bien personal. Además no quería desilusionarla. Antes de marcharse, por alguna razón me abrazó. Fue uno de los momentos más incómodos que sentí. No la conocía para nada y de un momento a otro me abrazó. No supe ni cómo responder a ese acto. Me soltó y con un “adiós” se fue.

Entré a mi casa, todavía confundido. Dejé las bolsas de compras sobre la mesa y me fui a cambiar rápidamente antes que viniera Roger.
En efecto, mi amigo llegó apenas terminé de cambiarme. Tocando la bocina de su coche me llamaba para que saliera. Cerré la puerta del departamento y lo saludé con la mano desde lejos.
— ¡Hey! Sí que eres puntual.
— ¿Andabas tan ocupado? ¿O te anduviste distrayendo con cierta señorita de la ventana?
— En realidad apareció otra mujer.
Arrancó el coche y comenzamos a andar. Una carcajada de él se mezcló con el ruido del estruendoso motor.
— Andas de casanova entonces. No te veía como un hombre de muchos ojos.
—No, no. No es que me la pase mirando mujeres. Era solo una chica que conocí hace un rato en el mercado. No me interesa en lo absoluto.
— Ha ha, y yo no como pasto, amigo. Acéptalo, andas un poco solo ¿No?
— Cree lo que quieras, yo ya te dije la verdad. — Suspiré profundo.
Me enfoqué en mirar la ciudad antes que seguir discutiendo por una estupidez. Realmente la chica tenía razón, el pueblo era hermoso. Había muchas calles arcadas. Y a pesar de ser arcos simples, le proporcionaban un detalle diferente a las calles comunes. Más lejos podía observarse una iglesia gótica. Esta se veía bastante conservada del siglo XIII.
— ¿Esa es la St. Sauveur?
— ¡Qué raro que la conozcas! Sí, es esa. Pero no es mi favorita. Es muy…simple. Presta atención a la siguiente. El Campanario Saint Barthélémy.
Un gran edificio que parecía ser una iglesia antiguamente. Con un gran campanario en la parte superior. En realidad este tipo de diseño nunca me había gustado, pero le daba un tono triste a la ciudad que me gustaba. Es como los días de lluvia, cuando llueve todo se ve gris y triste. Pero son hermosas las tardes de lluvia, el agua cae sin detenerse y acompaña al silencio de uno.
Por otro lado podía observar el mar azul, el aroma marino y la humedad salada. Nunca había tenido tiempo para viajar a una ciudad con mar. La gente estaba con sus reposeras disfrutando el sol de la mañana. Los niños jugaban en la orilla con diferentes gorros de colores. El puerto era muy grande, había muchos botes y barcos. No sé mucho de barcos y marina.
Realmente me gustó, aunque siempre voy a preferir mi ciudad. Sin dudas Le Mans era mi lugar favorito.

Luego del recorrido en coche, mi amigo se detuvo para caminar por las calles de La Rochelle. Nos metimos en un callejón donde tenía varios cafés para descansar por un rato, ya había visto algo parecido en la otra ciudad. Aquí en Francia son bastante comunes. Aproveché para contarle más sobre la chica de la ventana a Roger mientras tomábamos un café en uno de los bares.
— Me gustó la ciudad, es diferente a lo que acostumbro pero me gustó.
— La idea es que empieces algo nuevo. Así también te armas el rompecabezas y disfrutas más de tu vida, amigo.
— Si, lo sé. — Di una pequeña pausa y me incliné hacia el tema— Hey, ¿recuerdas a la mujer de la que te hablé?
— ¿Todavía sigues amarrado a eso? ¿Por qué no le hablas en vez de darle tantas vueltas a la chica?
— En realidad ya hablé con ella. — Puso cara de asombrado y se rio— O lo intenté…
— Espera, ¿Cómo que lo intentaste?
— Mmm, ósea apenas me animé a preguntarle su nombre.
— ¿Nada más? ¿Y cuál es?
— No me lo dijo— Dije un poco avergonzado.
De repente larga una carcajada y hace que la pareja sentada junto a nosotros nos mirara con cierto odio.
— Bueno, al parecer es peor de lo que imaginé. Yo te enseñaré cómo desprenderte de esa personalidad de marginado que te invade. Hagamos esto, hoy empezaremos con un poco de soltura. ¿Sí?
— Okey— dije con algo de dudas.
— Entonces, clase número 1: soltura. ¿Qué te parece que es lo que más nos suelta a las personas?
Me quedé pensando, me daba gracia la situación de todos modos.
— ¿Dormir?
— ¡Reacciona un poco! ¡El alcohol! Obviamente.
— Pero yo nunca bebo.
— Con más razón.
En fin, la conversación terminó en reunirnos en mi nuevo departamento a modo de “estreno” e iba a traer a unos amigos suyos para que vaya conociendo gente. Luego de pagar los cafés terminamos el recorrido y pasamos a buscar a estos amigos suyos.
El primero que subimos al coche era muy corpulento y algo tonto, daba algo de miedo pero aun así no me importó. Otro era bajo y charlatán, me hacía preguntas a cada momento. Y por último estaba el hombre de la barra, me sentí un poco aliviado y feliz ya que conocería a alguien que vería diariamente y no me sentiría tan sólo.

Carcajadas, un par de vasos rotos y música fuerte salían de mi casa. Imagínense que como yo nunca tomaba me pegó demasiado rápido el alcohol. Nos pusimos a jugar a las cartas, apostando cosas sin sentido. Nos reíamos de todo.
— Bueno, creo que tenías razón amigo. El beber es lo que más nos suelta. ¡Mírame!
— ¡Ahora ve a buscar a esa chica y llévala a la cama! — Me dijo con un tono muy fuerte, casi gritando. Me dolía el estómago y no sabía si era por el wiski o por la risa.
— Yo no la quiero para eso.
— ¡Bueno, no hace falta una cama! — Agregó el más bajo.
— Les digo que yo no soy así. Además creo que es una chica diferente.
— Todas son diferentes. Unas son rubias, otras morochas y hasta las hay pelirrojas.
El hombre de la barra, que por cierto su nombre era Boris, se quedó callado y serio. Parecía un poco triste.
— No eres el único con problemas de amores, hijo. — Dijo. Todos nos quedamos en silencio.
— ¿Qué sucedió? No me digas que cupido te metió otro flechazo por las nalgas. —Comentó Roger.
Reventamos de la risa con tal frase. Ya nuestras conversaciones perdían la seriedad.
— La mujer que viene al bar a tomar té todas las tardes, no puedo con ella. Realmente no me animo. Estoy demasiado sólo y ella es tan hermosa.
— Bueno, entonces probemos con algo. Ahora hagamos que yo soy la mujer que desean— Roger se levantó poniéndose la manta del sofá como una falda. — Ustedes deberán decirme lo que piensan como si yo fuera su “amada”.

Riéndonos de la situación nos pusimos a imitar a cada uno, perdiendo masculinidad pero pasándola de lo mejor. La música resonaba fuerte, era una especie de swing.
— Ahora voy a invitar a la dama a que baile conmigo esta pieza— Dije con vos chistosa. Bailando como monos nos reíamos sin parar.

De pronto sonó la puerta. Alguien estaba tocando. Fui a atender, balanceándome de derecha a izquierda con muy poco equilibrio. Al abrir la puerta estaba la chica. Me quedé helado otra vez.
Todos la miraron y luego de dos segundos explotaron a carcajadas.
— ¿Podrían bajar la música un poco? Se escucha desde mi departamento. ¿Acaso no tienen respeto por los demás?
Me quedé perplejo. Asentí con la cabeza. No entendía por qué semejante enfado cuando en realidad no era para tanto.
— ¡Hey, bonita! ¿No te nos unes? — Gritó el grandulón.
Enojada se marchó. Mis nuevos amigos me trajeron de nuevo para adentro del departamento para seguir con la fiesta.

3 comentarios:

  1. son 2:30 y me tengo que levantar temprano mañana... vi que había mas capítulos y no pude resistirme!. Me encantan! luego leeré el 5.. :)

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  2. Jajaja, que genial. Tengo un seguidor atento xD Ya estoy escribiendo el siguiente

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  3. Jajajaja obvio! bueno bueno :) yo voy a leer el capítulo 5 ahora! :D

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