Durante las noches del último verano comencé a escuchar
jazz. Todo vino en una noche cuando estaba cansada de mi música ya reproducida
miles de veces. Tomé mi teléfono y puse en reproducción la radio. Pasaba de
sintonía en sintonía para encontrar algo distinto. Desde pop hasta tango, y
desde cumbia a electrónica. Pero no me atraían.
En un momento me
frené en una, si mal no recuerdo era la 101.3. Nunca la había oído nombrar. Me
detuve ahí porque se reproducía una música tranquila, me producía ganas de
imaginar situaciones en las que usaría esa canción como fondo. No recuerdo muy
bien cuál era la canción, pero creo que era lo mejor. No sabía qué artista ni
qué cantante tocaba o cantaba tal o cual canción.
La radio
reproducía jazz desde las 9 de la noche hasta la 1, y si los de la radio se
olvidaban la dejaban hasta las 3 de la mañana. Luego de esa hora pasaban blues
o rock de los 90’s.
Desde el primer día decidí tomarlo como una rutina, todas
las noches a las nueve me sentaba en mi cama a escuchar jazz. En general me
quedaba hasta que el programa terminara, pero como era obvio en algunos casos
me quedaba dormida de cansancio.
Luego de unas
noches comencé a grabarme algunas canciones que me gustaban, sobre todo porque
sabía que al día siguiente era probable que se repitieran las canciones y tenía
oportunidad de grabarlas cuando quería. Esto se debe a que la radio solo ponía
una lista de reproducción. Me parecía un poco patético poner una radio con
música a la cual los que la manejaban no les interesara el estilo de música que
pasaban, parece un desperdicio de trabajo. Creo que debían dejarlo para alguien
que realmente aprecie ese género.
Te daba el número de la radio durante los comerciales,
para que pidas un tema que te gustara. Creo que habré pedido dos veces una
canción. No solo por timidez de llamar, sino porque cuando reproducían la
canción pedida y ésta terminaba, de repente dejaban de reproducir música. Como
si no hubiese radio, se quedaba en silencio. Obviamente porque se olvidaban de
prender de nuevo la lista de reproducción. Recuerdo que me reventaba de enojo.
El primer tema que pedí me acuerdo bien que era “Summertime” de Ella
Fitzgerald. Era la única cantante que reconocía por el momento. Al finalizar la
radio se quedó muda, así que decidí llamar nuevamente. Fue una llamada perdida,
yo no era quien para decirles que hicieran su trabajo. Y luego, como si
hubieran leído mi mente, volvieron a reproducir la música.
Casi todas las
noches soñaba con alguna situación con esas canciones, esto también me dio pie
para la escritura. Lo que frecuentaba mucho eran los bares. Un bar bastante
grande, con luces bajas. Las mesas brillantes por velas en su centro. Luego
contra la pared se encontraba un pequeño escenario, donde tocaban la canción
reproducida en el momento. Junto al escenario había una pequeña barra, en él
siempre atendía un hombre que resaltaba mucho por su belleza. Con cabello
rojizo y corto, muy delgado pero con una espalda tentadora para cualquier
mujer>>o eso me parecía a mí<<. Otras veces el que resaltaba era un
hombre misterioso que se sentaba solo en una de las mesas más cercanas al
escenario.
Creo que la mezcla
del verano y el jazz me ponían más romántica. Imaginaba situaciones de amor
imposible entre el joven de la barra y la cantante del bar. Otras veces al
misterioso enamorado de la pianista. Hasta algunas veces mezclaba todo y creaba
pequeñas historias de cada integrante en escena. Os clientes, los mozos, los de
la banda, todos.
No he escrito
mucho sobre esas historias, muchas veces traté. No sé por qué al tratar de
plasmarlas en una hoja veía que perdían ese sentimiento que era la esencia del
relato. Puede que cuando tenga un poco más de experiencia en escritura
escribiré sobre ellas. Por el momento las mantengo en mi memoria.
Hubo una canción
que me encantaba. La grabé desde casi el comienzo, pero por alguna razón se
cortó la grabación y se grabó la mitad. Atenta esperé a que la pasaran otra vez
por la radio, pero lamentablemente no la repetían. Recién a las dos semanas
escuché que la repetían y traté de grabarla. Gracias a mi mala suerte, no la pude
grabar completa, sino el final. Durante el día reproducía ambas partes de la
canción. Traté de descifrar la letra para encontrar el título y descargarla,
pero mi escaso inglés hacía que no comprendiera la pronunciación. La cantante
hablaba demasiado rápido y además la mayoría del tema estaba compuesto por
bebop, un juego de palabras sin sentido que imitan el sonido de un instrumento.
Recién la semana pasada pude descubrir el título de la canción y su cantante. Imagínense,
un año pasó. La canción era “Take te A train” de Ella Fitzgerald. Y creo que
esto demuestra que soy fiel a mis cantantes favoritos ya que adoro a Ella. Y, a
pesar de no saber quién cantaba uno de mis temas preferidos, adoré a la mujer
que hacía sonar esa canción.
Lo más triste fue cuando
cada vez se fueron acortando más los horarios en los que pasaban jazz. Cada vez
el blues y el rock venían más temprano. Hasta llegó el momento en que no había más
jazz ni rock, ni blues. Pasaban música moderna o algún rock de los 80’s.
Al menos me había guardado una pequeña lista de
reproducción en mi teléfono con esos temas que sólo pasaba la radio que me
gustaba. Calculo que fue cuando se terminaba el verano. Espero que vuelva es
este verano. Aún me falta conocer muchos intérpretes de esas canciones.
Al dejar de
escuchar esa radio me puse a buscar alguna otra. Por desgracia, no encontré.
Así que decidí buscar por mi lado. Preguntaba a familiares sobre cantantes de jazz
que conocieran. No sirvió de mucho. Comencé escuchado Ella Fitzgerald, Sarah
Vaughan, Louis Armstrong, y otros pocos más de los más conocidos.
Más tarde leí en
algún lado que se iba a hacer un festival de jazz en la ciudad. Pero dentro de
lo que era el jazz me encontraba sola, no conocía a nadie que tuviera
preferencia por éste género. Mi hermana me comentó que tenía un amigo fanático
del jazz. Quería hablarle para que me recomendara algunas bandas, pero mi
timidez me lo impedía.
En esa semana, un
mediodía caminaba con mi hermana y unos amigos suyos hacia la parada de
colectivo. Ahí mi hermana me presentó con su amigo >>creo que de manera
forzada, porque yo no quería por vergüenza<< le pregunté mis dudas acerca
del festival. Resultó algo inútil porque al estar sola con ese género, no
asistí a escuchar ninguna banda del festival.
Más tarde lo
conocí mejor a ese amigo de mi hermana, gracias a él ahora conozco una gran
variedad de bandas y cantantes de jazz. Gracias Nicolás Pratto.
Este género me
trae ganas de escribir historias. Ha sido mi inspiración y sigue siendo.
Comencé una novela a la cual no creo haber llegado a hacer un capítulo y medio
solamente. Y actualmente me encuentro desarrollando una novela llamada “El
rompecabezas de la vida”. Es todo referido a las historias que imagino mediante
esa música.
Recuerdo que este
año disfruté de algo que me llenó de un sentimiento raro para mí. Había salido
de casa y viajé al centro para encontrarme con unos amigos. Esperé eso de media
hora o 45 minutos y no vinieron. Enojada me encaminé hacia mi parada de
colectivo. Caminando con mis auriculares reproduciendo rock, escuché por lo
bajo el sonido de un saxo. Me quité los auriculares y, como un ciego tratando
de ubicarse, me puse a buscar el origen de la música. A una cuadra de donde me
encontraba, junto la feria de los artesanos y en un pequeño escenario, una
banda de unos cinco integrantes tocaba una especie de jazz. Digo “especie”,
porque ésta banda contenía una guitarra eléctrica>>aunque no se escuchara
muy resaltadora<< era un jazz-rock. Algunos grupitos de personas se
frenaban a escucharlos, y otros se sentaban a apreciar su arte. Yo era una de esas,
sola como un perro me senté en un banco a escucharlos. Me gustaba mucho y sentí
como una especie de orgullo hacia el género que tocaban. A pesar de estar sola,
no me “sentía” sola. Sentía que éramos de esas personas que no ves en muchos
lados, y que salieron a la luz por un momento. El enojo de que me dejaran
plantada se fue al segundo. Volví a casa relajada y contenta.
Sueño con tener algún día un bar como el que imagino en
cada historia, o tal vez ser parte de una banda de jazz.
Agradezco poder sentir algo así por un estilo musical y
que me movilice a hacer cosas.
Hasta la segunda parte.
01/10/2013 Candela Spagnuolo