martes, 17 de noviembre de 2015

Otoño y esas cosas

-Me dijiste que querías hablar conmigo, pasó algo?
El viento revuelve el pelo de Erica, pinchando sus ojos como pequeñas agujas. Trata de quitarlo de su rostro aunque resulte inútil. Gabriel la mira con curiosidad a su lado. La plaza estaba casi vacía. Las hojas de otoño se escurren por el suelo alrededor del banco produciendo un ruido muy tranquilizante. -Sí
 Hay un silencio. Gabriel espera una respuesta pero no la recibe.
-Qué pasó?
-Te extraño-soltó ella.
-Aaah, así que es eso.-Gabriel golpea su pierna como exagerando una sorpresa-Bueno. Pero ya te dije que no te amo.
-Lo sé. Y yo te dije que te amo.
-Qué dilema
Él se apoya contra el respaldo del banco y se cruza de brazos.
 -Me amaste cuando me besaste? Cuando me dijiste que era la única persona en tu cabeza? cuando me mirabas con deseo en los ojos?-la mirada de Erica expresaba tristeza, pero esperanza. No hacía más que pensar en el pasado.
-No lo sé-dice Gabriel de manera cortante
-No lo sé no es una respuesta. Me amaste o no me amaste?
 Él trata de esquivar la mirada de Erica. Se siente muy presionado.
-Te quise, no te amé.
-Te aburrí?
-Erica...
-Qué?
-Basta
-Basta de qué?
-De seguir con cosas del pasado. Para qué venís con cosas viejas? Sabes que no te amo y eso no va a cambiar
-Estás seguro?
-Muy
-Alguien te ha amado como yo?
-No
-Entonces?
Gabriel se queda pensativo.
-Una cosa es que te amen, y otra cosa es amar. Si yo no te amo, no soy feliz. Y por lo que veo vos tampoco
-Callate
 Otro silencio aparece en escena. Cada vez mas incómodo
-Te acordas de ese día en la playa? Ese día en que me dijiste "sos lo que mas amo en el mundo, y no te voy a dejar jamás"?
-El amor es eterno mientras dura, como dice Ismael.
Erica se queda callada y lo mira con enojo y resentimiento.
-Me dan ganas de pegarte
-Si? Por qué? Porque tengo razón?
 Ella duda pero luego responde.
-No. Porque no me amas y eso me enoja.
-Ya va a haber alguien que te ame-suspira.
Erica no puede contener las lágrimas, esquiva la mirada para que no la vea, pero ya es evidente. Le duele el pecho, sus ojos están rojos. Rompe en llanto como una niña.
-No llores, querida. Me vas a hacer cambiar de opinión.
 Deja de llorar repentinamente y lo mira a los ojos.
-que?
-de haber querido venir a vernos, dejame terminar de hablar
-ah...
 Las hojas se posan en los pies de la ex pareja, juegan entre sí con el viento. El sonido de las ramas en movimiento en las copas de los arboles se asemeja al correr de un río.
-Está bien...te mentí
-cómo?-pregunta Erica perpleja
-Te amo, Eri. Nunca dejé de amarte. Pero a veces me aburro, soy como un niño
Ella reposa la espalda sobre el banco al igual que él con un bufido de por medio. Se cruza de piernas
-Sos tan inmaduro como uno
-Si... bastante. Pero siento que no puedo darte lo que buscas
Una expresión de asombro, impotencia y enojo se reflejan en el rostro de la chica
-Excusas. Es increible que tenga tantas ganas de golpearte
-Tal vez pueda cambiar para que seamos felices
Ella suelta una risotada muy exagerada. -como las ultimas veces? Sos un mentiroso, nunca cambias
-Ves? Es porque no te amo. Si te amara, cambiaría. Ahora dejemos de hablar de cosas del pasado
 Se queda con la mirada fija en el, sus ojos vuelven a humedecerse, por primera vez logra sentir todo el peso de su cuerpo como una carga, no lo entiende.
-Sos un desalmado! Me ilusionas diciendo que me amas..
-Y vos te lo crees pero después notas que no es cierto y te enojas porque yo tengo razón
Gabriel sigue sin mirarla, su vista solo se fija en los árboles de ciruelo.Sabe que no puede mirarla y ver su dolor. No la ama, es cierto. La quiere? Tal vez...
-Supongo que si-responde Erica con un hilo de voz
-Bien
-Bien
-Te odio
-Eso sí que es mentira-Gabriel la mira a los ojos al fin pero se vuelve a las hojas rosadas.
-Lo sé...

martes, 6 de enero de 2015

Perdón

La tormenta azotaba contra la ventana, las grandes gotas reventaban contra el vidrio como si fueran pequeñas bombas que llenaban el silencio de la habitación de Diana. Ella estaba recostada en su cama, con todo el maquillane corrido y los pelos alborotados. Lloraba sin parar y no le importara que puedan escucharle los vecinos. Un relámpago iluminó su rostro desalineado y entonces se asustó. El ruido del trueno sonó como un disparo e hizo que ella se estremeciera, sintiendose aun peor, llorando aun con mas fuerza. Sus ojos estaban muy hinchados y rojos, pero ni lo notó. Diana pensó que sería mas deprimente encender la luz y mirarse al espejo. Sabia que se veia terrible.
Decidió buscar algo reconfortante, se arrastró de la cama al suelo. La alfombra le raspaba las rodillas pero no se iba a levantar. Se dirigio a la cocina y se sentó frente la heladera. Abrio la puerta, no habia nada, solo huevos y leche. Habia olvidado ir al mercado, no le gustaba ir a comprar, decía que le daba verguenza. Cerró la puerta porque le dió frío. Entonces trató de ponerse en pie ayudandose con la mesada, lo consiguió. Tomó una taza y abrió la puertita de la alacena para buscar el café instantaneo. Un pinchazo en el pecho hizo que volvieran a salir lagrimas de sus ojos. Junto al frasco de café había una cajita con tés saborizados. Tomó la caja y la abrió, sacó uno por uno los saquitos y los puso sobre la mesa. "A el le encantaba el té, pensó. Puso la pava con agua en el fuego y buscó una taza. Preparó un té de frambuesa y se quedó mirando el color rosado del liquido. Tomó la taza y bebió un sorbo caliente. Escupió todo sobre la mesada. "Por qué le gustaba tanto? Sabe a jugo caliente", pensó Diana. Le pareció algo espantoso. Su intento de reconfortarse le había salido realmente mal. Cogió otra taza y con el agua caliente que sobró se preparó un café con leche.
Diana volvió a la cama con la taza entre las manos. La tormenta no habia cesado. "A el le encantaban las tormentas", pensó mientras revolvía su café con la cucharita. Pasó las manos por sus piernas, estaban muy suaves, como a él le gustaba. Terminó su café pronto, no estaba muy caliente. Se dio cuenta que había prendido la luz, por distraida no lo vió, se puso de pie para apagarla. De pronto se horrorizó por su aspecto, su rostro se reflejó en el espejo de la cómoda. Apagó la luz y corrió hacia la cama para taparse con la frazada y seguir con el llanto. Otro trueno la hizo saltar de la cama, tenía mucho miedo. Se acercó al ventanal y corrió la cortina. El agua golpeaba con mucha fuerza el vidrio. Diana abrió la ventana sin pensar, como si no le importara nada. Salió al balcón y la lluvia cayó sobre ella como una catarata. Empapada y con frio ella se quedó ahí un rato, con los ojos cerrados y los brazos estirados. "Habré perdido la cabeza?" Pensó tranquila. Despues de unos diez minutos entró. Un charco grande junto a la ventana reflejaba a Diana desde abajo. Se sacudió como si fuera un perro.
Se sentó en el sillón y comenzó a desenredar su cabello. "No debería haberse ido. No quería que me deje. No puedo soportarlo" pensaba y pensaba sintiendose aun peor.
Toc toc...
La puerta sonó. Ella tiró un almohadón contra la puerta diciendo que no había nadie en casa. Una voz firme respondio gritando su nombre: Diana!
Diana se asustó. No podia se posible. Se tapó los oídos. "Ya enloquecí, no puede ser. No estoy loca. Es solo un sueño como los otros. Él no va a volver. No va a volver". Volvió a sonar la puerta, pero con un ruido mas estrepitoso.
-Diana!
-Basta!-gritó nerviosa. Cerró los ojos y las lágrimas caían rápidamente.
Golpearon la puerta muchas veces, luego se detuvo.
Ella se destapó los oídos y se puso de pie frente a la puerta. Si la abría sabría si fue solo una ilusión, o encontraría al amor de su vida frente a sus ojos. Un escalofrío recorrió su cuerpo.
Abrió la puerta. No había nadie...
Su corazón latía velozmente. Nunca había sentido una ilusión semejante. Había enloquecido, no habría otra razón que encajara. Sus piernas dejaron de responderle. Cayó al suelo y rodeó sus piernas con los brazos y siguió llorando. Sintió de repente un sentimiento tranquilo, como un alivio. Sintió un calor en su espalda. Él la estaba abrazando, como protegiendola, conteniendola. Diana lo miró, sonrió ampliamente, y lo abrazó fuertemente con un leve sollozo.
-Perdón.