La tormenta azotaba contra la ventana, las grandes gotas reventaban contra el vidrio como si fueran pequeñas bombas que llenaban el silencio de la habitación de Diana. Ella estaba recostada en su cama, con todo el maquillane corrido y los pelos alborotados. Lloraba sin parar y no le importara que puedan escucharle los vecinos. Un relámpago iluminó su rostro desalineado y entonces se asustó. El ruido del trueno sonó como un disparo e hizo que ella se estremeciera, sintiendose aun peor, llorando aun con mas fuerza. Sus ojos estaban muy hinchados y rojos, pero ni lo notó. Diana pensó que sería mas deprimente encender la luz y mirarse al espejo. Sabia que se veia terrible.
Decidió buscar algo reconfortante, se arrastró de la cama al suelo. La alfombra le raspaba las rodillas pero no se iba a levantar. Se dirigio a la cocina y se sentó frente la heladera. Abrio la puerta, no habia nada, solo huevos y leche. Habia olvidado ir al mercado, no le gustaba ir a comprar, decía que le daba verguenza. Cerró la puerta porque le dió frío. Entonces trató de ponerse en pie ayudandose con la mesada, lo consiguió. Tomó una taza y abrió la puertita de la alacena para buscar el café instantaneo. Un pinchazo en el pecho hizo que volvieran a salir lagrimas de sus ojos. Junto al frasco de café había una cajita con tés saborizados. Tomó la caja y la abrió, sacó uno por uno los saquitos y los puso sobre la mesa. "A el le encantaba el té, pensó. Puso la pava con agua en el fuego y buscó una taza. Preparó un té de frambuesa y se quedó mirando el color rosado del liquido. Tomó la taza y bebió un sorbo caliente. Escupió todo sobre la mesada. "Por qué le gustaba tanto? Sabe a jugo caliente", pensó Diana. Le pareció algo espantoso. Su intento de reconfortarse le había salido realmente mal. Cogió otra taza y con el agua caliente que sobró se preparó un café con leche.
Diana volvió a la cama con la taza entre las manos. La tormenta no habia cesado. "A el le encantaban las tormentas", pensó mientras revolvía su café con la cucharita. Pasó las manos por sus piernas, estaban muy suaves, como a él le gustaba. Terminó su café pronto, no estaba muy caliente. Se dio cuenta que había prendido la luz, por distraida no lo vió, se puso de pie para apagarla. De pronto se horrorizó por su aspecto, su rostro se reflejó en el espejo de la cómoda. Apagó la luz y corrió hacia la cama para taparse con la frazada y seguir con el llanto. Otro trueno la hizo saltar de la cama, tenía mucho miedo. Se acercó al ventanal y corrió la cortina. El agua golpeaba con mucha fuerza el vidrio. Diana abrió la ventana sin pensar, como si no le importara nada. Salió al balcón y la lluvia cayó sobre ella como una catarata. Empapada y con frio ella se quedó ahí un rato, con los ojos cerrados y los brazos estirados. "Habré perdido la cabeza?" Pensó tranquila. Despues de unos diez minutos entró. Un charco grande junto a la ventana reflejaba a Diana desde abajo. Se sacudió como si fuera un perro.
Se sentó en el sillón y comenzó a desenredar su cabello. "No debería haberse ido. No quería que me deje. No puedo soportarlo" pensaba y pensaba sintiendose aun peor.
Toc toc...
La puerta sonó. Ella tiró un almohadón contra la puerta diciendo que no había nadie en casa. Una voz firme respondio gritando su nombre: Diana!
Diana se asustó. No podia se posible. Se tapó los oídos. "Ya enloquecí, no puede ser. No estoy loca. Es solo un sueño como los otros. Él no va a volver. No va a volver". Volvió a sonar la puerta, pero con un ruido mas estrepitoso.
-Diana!
-Basta!-gritó nerviosa. Cerró los ojos y las lágrimas caían rápidamente.
Golpearon la puerta muchas veces, luego se detuvo.
Ella se destapó los oídos y se puso de pie frente a la puerta. Si la abría sabría si fue solo una ilusión, o encontraría al amor de su vida frente a sus ojos. Un escalofrío recorrió su cuerpo.
Abrió la puerta. No había nadie...
Su corazón latía velozmente. Nunca había sentido una ilusión semejante. Había enloquecido, no habría otra razón que encajara. Sus piernas dejaron de responderle. Cayó al suelo y rodeó sus piernas con los brazos y siguió llorando. Sintió de repente un sentimiento tranquilo, como un alivio. Sintió un calor en su espalda. Él la estaba abrazando, como protegiendola, conteniendola. Diana lo miró, sonrió ampliamente, y lo abrazó fuertemente con un leve sollozo.
-Perdón.
En este blog hay mucho de mi, que tal vez no puedo expresar hablando. Quiero que puedan disfrutar de mi imaginación tanto como yo lo hago. Por esto voy a plasmar mis pensamientos acá.
martes, 6 de enero de 2015
Perdón
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