sábado, 17 de agosto de 2013

Silencio.

Ella está acostada junto a él. Dice que está cansada de todo, que ya no tiene ganas de nada. Que no sabe lo que quiere y que no iba a hacer nada al respecto al no saber qué hacer.
Él la mira, sentado a su lado, ella era hermosa para él. Respira hondo, estaba tranquilo. Ella lo ignora. Permanecen en silencio, mas bien no hablan, solo escuchan la música del reproductor. Sarah Vaughan era su música de fondo.
No era un silencio incómodo, al contrario. Este silencio en cierta manera los reconfortaba o relajaba.
Es el departamento de ella. Lo había invitado porque no quería sentirse sola. A pesar de no hablar, se siente bien y acompañada. Su cama es el escenario ante todo. El resto no importa.
Él se tienta, no sabe bien de qué. Ellos eran amigos desde hace ya mucho tiempo, sin embargo los pensamientos de ambos siempre fueron ocultos. La observa con cuidado y sonríe. Se acerca despacio, levemente. Acostandose junto a ella. Pegados. Él rodea su cintura con el brazo izquierdo. No dicen nada.
La música sigue sonando y el ambiente es perfectamente tranquilo. Ella toma su mano con fuerza y se queda así, sin moverse. Él se sorprende, se imaginaba una escena totalmente contraria y de rechazo. De alguna manera siempre había sospechado que algo sentía por él, y ella lo mismo. Pero nunca dijeron nada, sin saber la razón.
Él suelta la mano y la dirige a el rostro de la muchacha. Acomoda sus cabellos detrás de la oreja, a modo de caricia. Ella sigue de espaldas y no dice nada. Solo siente un cosquilleo en el pecho, y cierta emoción en su cabeza. Aunque sigue relajada.
Ella también se tienta, no sabe de qué. Gira la cabeza y lo mira. Se preguntan qué estará pensando el otro. Él no puede detener sus impulsos, sus dudas viejas al fin logran aclararse. La ama, y quiere que sea suya. Su corazón resona fuertemente, casi queriendo salir de su cuerpo. Se acerca despacio mientras la toma de la mejilla. Ella piensa que no está allí. Lo único que sabe es que quiere estar ahí con él. Y está feliz por eso.
Sus labios se tocan levemente, hasta terminar en un beso lleno de pasión escondida. Nadie dice nada, solo Vaughan sigue cantando. Sus labios se presionan con lentitud, sin separarse. Luego de momento se alejan. Se miran, se aman.
Ella pierde la confianza que tenía, toma vergüenza. Pero se siente viva ya. Se vuelve a su posición inicial. Él no entiende demasiado. Le encantó. Piensa que no le gustó, asi que se sienta nuevamente. La mira por un rato y luego mira la ventana.

Siente una fuerte presión en la mano. Ella se la había tomado con fuerza. No quería que se vaya. Pero no quería hablar. El silencio era perfecto. Todo era perfecto.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Capítulo 6, El rompecabezas de la vida.



Capítulo 6

Envuelto en mi frazada, con un café en las manos. Hacía frío a pesar de ser verano. Desde el sofá observaba la ventana. Silencio. Había olvidado como me gustaba el silencio. El reloj de la pared resonaba: tic, tac, tic, tac. Se oían apenas las hojas de los árboles de afuera, junto con una leve brisa. Mi respiración, profunda y fuerte. Un suspiro sale como renunciando a todo. Cerré mis ojos por unos segundos, con la mente en blanco. Bebí un sorbo de café y me levanté.
Tomé la camisa y salí de la casa. El sol ayudaba a que mi cuerpo se temple. Me acerqué de a poco hacía aquella puerta de roble, también calada como la mía.

Golpeé la puerta algo despacio, tal vez por miedo o por timidez. Preguntan quién es. No respondo, se me cerró la garganta. La puerta se abrió de repente y se asomó ella.
Sus labios carnosos pintados de rojo escarlata me tentaban demasiado.
— Hola— Rompí el silencio.
— Hola.
— ¿Cómo estás?
— Si viniste solo a preguntarme eso entonces retírate.
— No, no. Sólo que…
— Adivino, eres de los típicos hombres que ven a una chica bonita y ya se la quieren tirar. Y andan de aquí a allá con muchas mujeres.
— N-No. De ser así hubiera sido más rápido.
Empujó la puerta para cerrarla, pero la trabé con mi pie.
— No quise decirlo de esa manera. Sólo quiero conocerte— Me sonrojé un poco.
— Ese cuento ya me lo dijeron. Eres como todos los hombres. Mira, estoy ocupada y no quiero perder más tiempo. Retírate por favor y sigue con tu vida.
— En realidad no tengo una.
— Bueno entonces búscala tú mismo.
Cerró la puerta de un portazo.

—Eso hago.

Me di por vencido, no soy un tipo muy valiente ni entusiasta. Preferí siempre mantenerme en un perfil bajo. Me volví para mi departamento.
Me volvió el frío. Dejé las llaves en la mesa y me senté nuevamente en el sillón. Otra vez envuelto en la frazada. Esperando… ¿Esperando qué? No lo sé.
Me estiré y me puse a revolver los cajones de la mesa ratona. Lo encontré, mi cuadernillo. Era un aficionado al dibujo. Retrataba todo lo que veía, ya sea un objeto o algo vivo.
Ya que no tenía nada que hacer decidí dibujar algo. A ella, en realidad.
Cómo podía olvidarme de sus hermosos rasgos. Su pequeña nariz, los ojos brillantes y celestes. Su cabello rizado en las puntas, no sé cómo hacía para que le quede de tal manera.
El silencio me acompañaba junto a mis trazos.

Algo me interrumpió. Alguien tocó la puerta. Me levanté casi de un salto, “Sabía que debía esperar”, pensé. Abrí la puerta.
Una joven se me abalanzó y me abrazó de repente. Me quedé sorprendido. Al mirarle la cara no la reconocí.
— ¡Hey!
— ¿Hola?
— ¿No me recuerdas? Soy Olive, la de la tienda del otro día.
Me había olvidado completamente de ella. Con tantas cosas en la cabeza ni se me pasó que esta chica volvería a verla.
— Si, ¿Cómo podría?- mentí.
— ¿Puedo pasar?
La mujer pasó sin dejarme responder y se quitó su abrigo para luego dejarlo sobre el sofá. Quería estar tranquilo y solo, lo último que me tenía que dejar mi mala suerte era a esta muchacha de la cual no quería tener nada relacionado con ella.
— Así que… ¿Cómo es que llegaste aquí? Hablo de la ciudad.
— Emm… realmente no quiero hablar de eso ahora. En realidad no quiero hablar de nada.
Se me acercó de repente y me tomó de la mandíbula.
— Así que quieres ir directo al grano, ¿eh? Sabía que no eras de mucha habla.
Expresó una carcajada que me hizo estremecer, luego me besó de la nada. Traté de quitármela de encima pero la chica se abalanzaba sobre mí. Comenzó a desvestirme hasta que pude detenerla. La tomé de los brazos tratando de no lastimarla.
— ¿Qué pasa? ¿Quieres ser tú el que dirija? — Dijo agitada por los besos.
— No, detente.
Me eché para atrás. Tomé sus cosas y se las extendí a modo de rechazo. Realmente me sentía incómodo. Detesto a las chicas que se regalan, es degradante. Y más degradante es pensar que yo aceptaría algo como eso, y que seguiría su sucio juego de lenguas.
No me gustaba ser irrespetuoso con ella, desde pequeño me prometí nunca faltarle el respeto a una mujer. Pero creo que esa situación me sacó de quicio.
— ¿Me estas echando?
No respondí, solo la miré fijo. Se arregló un poco el cabello y se acercó otra vez.
— ¿Cuál es la razón? No me digas que no soy atractiva para ti, me rompería el alma.
“¿Qué cosas está diciendo?, si ni siquiera me conoce”, pensé.
— No es eso— un poco de lástima me vino al pecho— Es solo que… me gusta mucho otra persona como para poder hacer algo así con otra.

Se quedó en silencio un rato, mirando la nada.
— Amor… eso debe ser fuerte. ¿La amas? ¿De quién se trata?
— No sé si la amo, no he hablado mucho con ella aún.
— Dime quien es, por favor.
Acerqué su abrigo y su bolso a sus manos, con tal de no responder la pregunta. No quería que supiera quien era, no era algo que le incumbiese.
— No me iré hasta que me digas.
— ¿Para qué quieres saberlo? No sabes nada de mí ni de mi vida, solo querías estar conmigo una noche quien sabe porqué razón.
Con la cabeza gacha hizo una pausa. Luego dijo algo en un tono muy bajo que no logré escuchar.
— No te oigo.
— ¡Me siento demasiado sola! — Gritó— Solo quería sentir como si un hombre me quisiera otra vez. Cuando te vi en el mercado, te vi tan simple, tan tranquilo. Me recordaste a mi ex pareja. Él era tan pacífico y hermoso, y yo…. lo amaba tanto.
Rompió en llanto. No sabía cómo tratar con la situación. Se sentó en el sofá.
— Pero luego vinieron los problemas. Me dijo que yo era muy invasiva. Traté de alejarme un poco, pero no funcionaba. Llegué hasta el punto de no hablarle, aun viviendo juntos. Pero dejó de mirarme con los ojos que me miraba antes. Ya no sentía lo mismo por mí. Ahora estoy aquí, ahogando mis penas con alguien que no conozco, que tampoco le importo y seguro soy una molestia. Nadie va a quererme nunca.
La abracé fuertemente. Realmente daba pena, y me sentía identificado con su historia. Mi ex pareja tampoco me dio el cariño que yo esperaba. Y peor que eso, me dejó por otro hombre.
—Mírame. — Levanté su cabeza levemente— no porque alguien no te haya valorado se termina todo. La vida sigue aún. Eres muy hermosa, pero debes esperar a tu hombre. Sé paciente, ya conocerás a alguien que te ame. No sigas impulsos inútiles.
Sus ojos brillaban, ella ya había dejado de llorar. Se sorbió los mocos. Dio un gran suspiro y se levantó del sofá.
— Gracias… y perdón.
Tomó su abrigo junto a su bolso. Luego se dirigió hacia la puerta. Antes de salir, me miró e hizo una pausa.
— Solo por curiosidad, ¿Quién es la chica a la que buscas?
Sonreí divertido por la repetitiva pregunta que ya no tenía ninguna utilidad. Me acerqué a la ventana junto a la puerta y le señalé la ventana frente al bar. Estaba cerrada.
— Es una mujer muy misteriosa, nunca sentí tanta intriga por algo o alguien.

Sonrió y se fue.