viernes, 8 de noviembre de 2013

Conociendo el Jazz.

Durante las noches del último verano comencé a escuchar jazz. Todo vino en una noche cuando estaba cansada de mi música ya reproducida miles de veces. Tomé mi teléfono y puse en reproducción la radio. Pasaba de sintonía en sintonía para encontrar algo distinto. Desde pop hasta tango, y desde cumbia a electrónica. Pero no me atraían.
 En un momento me frené en una, si mal no recuerdo era la 101.3. Nunca la había oído nombrar. Me detuve ahí porque se reproducía una música tranquila, me producía ganas de imaginar situaciones en las que usaría esa canción como fondo. No recuerdo muy bien cuál era la canción, pero creo que era lo mejor. No sabía qué artista ni qué cantante tocaba o cantaba tal o cual canción.
 La radio reproducía jazz desde las 9 de la noche hasta la 1, y si los de la radio se olvidaban la dejaban hasta las 3 de la mañana. Luego de esa hora pasaban blues o rock de los 90’s.
Desde el primer día decidí tomarlo como una rutina, todas las noches a las nueve me sentaba en mi cama a escuchar jazz. En general me quedaba hasta que el programa terminara, pero como era obvio en algunos casos me quedaba dormida de cansancio.
 Luego de unas noches comencé a grabarme algunas canciones que me gustaban, sobre todo porque sabía que al día siguiente era probable que se repitieran las canciones y tenía oportunidad de grabarlas cuando quería. Esto se debe a que la radio solo ponía una lista de reproducción. Me parecía un poco patético poner una radio con música a la cual los que la manejaban no les interesara el estilo de música que pasaban, parece un desperdicio de trabajo. Creo que debían dejarlo para alguien que realmente aprecie ese género.
Te daba el número de la radio durante los comerciales, para que pidas un tema que te gustara. Creo que habré pedido dos veces una canción. No solo por timidez de llamar, sino porque cuando reproducían la canción pedida y ésta terminaba, de repente dejaban de reproducir música. Como si no hubiese radio, se quedaba en silencio. Obviamente porque se olvidaban de prender de nuevo la lista de reproducción. Recuerdo que me reventaba de enojo. El primer tema que pedí me acuerdo bien que era “Summertime” de Ella Fitzgerald. Era la única cantante que reconocía por el momento. Al finalizar la radio se quedó muda, así que decidí llamar nuevamente. Fue una llamada perdida, yo no era quien para decirles que hicieran su trabajo. Y luego, como si hubieran leído mi mente, volvieron a reproducir la música.
 Casi todas las noches soñaba con alguna situación con esas canciones, esto también me dio pie para la escritura. Lo que frecuentaba mucho eran los bares. Un bar bastante grande, con luces bajas. Las mesas brillantes por velas en su centro. Luego contra la pared se encontraba un pequeño escenario, donde tocaban la canción reproducida en el momento. Junto al escenario había una pequeña barra, en él siempre atendía un hombre que resaltaba mucho por su belleza. Con cabello rojizo y corto, muy delgado pero con una espalda tentadora para cualquier mujer>>o eso me parecía a mí<<. Otras veces el que resaltaba era un hombre misterioso que se sentaba solo en una de las mesas más cercanas al escenario.
 Creo que la mezcla del verano y el jazz me ponían más romántica. Imaginaba situaciones de amor imposible entre el joven de la barra y la cantante del bar. Otras veces al misterioso enamorado de la pianista. Hasta algunas veces mezclaba todo y creaba pequeñas historias de cada integrante en escena. Os clientes, los mozos, los de la banda, todos.
 No he escrito mucho sobre esas historias, muchas veces traté. No sé por qué al tratar de plasmarlas en una hoja veía que perdían ese sentimiento que era la esencia del relato. Puede que cuando tenga un poco más de experiencia en escritura escribiré sobre ellas. Por el momento las mantengo en mi memoria.
 Hubo una canción que me encantaba. La grabé desde casi el comienzo, pero por alguna razón se cortó la grabación y se grabó la mitad. Atenta esperé a que la pasaran otra vez por la radio, pero lamentablemente no la repetían. Recién a las dos semanas escuché que la repetían y traté de grabarla. Gracias a mi mala suerte, no la pude grabar completa, sino el final. Durante el día reproducía ambas partes de la canción. Traté de descifrar la letra para encontrar el título y descargarla, pero mi escaso inglés hacía que no comprendiera la pronunciación. La cantante hablaba demasiado rápido y además la mayoría del tema estaba compuesto por bebop, un juego de palabras sin sentido que imitan el sonido de un instrumento. Recién la semana pasada pude descubrir el título de la canción y su cantante. Imagínense, un año pasó. La canción era “Take te A train” de Ella Fitzgerald. Y creo que esto demuestra que soy fiel a mis cantantes favoritos ya que adoro a Ella. Y, a pesar de no saber quién cantaba uno de mis temas preferidos, adoré a la mujer que hacía sonar esa canción.
 Lo más triste fue cuando cada vez se fueron acortando más los horarios en los que pasaban jazz. Cada vez el blues y el rock venían más temprano. Hasta llegó el momento en que no había más jazz ni rock, ni blues. Pasaban música moderna o algún rock de los 80’s.
Al menos me había guardado una pequeña lista de reproducción en mi teléfono con esos temas que sólo pasaba la radio que me gustaba. Calculo que fue cuando se terminaba el verano. Espero que vuelva es este verano. Aún me falta conocer muchos intérpretes de esas canciones.
 Al dejar de escuchar esa radio me puse a buscar alguna otra. Por desgracia, no encontré. Así que decidí buscar por mi lado. Preguntaba a familiares sobre cantantes de jazz que conocieran. No sirvió de mucho. Comencé escuchado Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Louis Armstrong, y otros pocos más de los más conocidos.
 Más tarde leí en algún lado que se iba a hacer un festival de jazz en la ciudad. Pero dentro de lo que era el jazz me encontraba sola, no conocía a nadie que tuviera preferencia por éste género. Mi hermana me comentó que tenía un amigo fanático del jazz. Quería hablarle para que me recomendara algunas bandas, pero mi timidez me lo impedía.
 En esa semana, un mediodía caminaba con mi hermana y unos amigos suyos hacia la parada de colectivo. Ahí mi hermana me presentó con su amigo >>creo que de manera forzada, porque yo no quería por vergüenza<< le pregunté mis dudas acerca del festival. Resultó algo inútil porque al estar sola con ese género, no asistí a escuchar ninguna banda del festival.
 Más tarde lo conocí mejor a ese amigo de mi hermana, gracias a él ahora conozco una gran variedad de bandas y cantantes de jazz. Gracias Nicolás Pratto.
 Este género me trae ganas de escribir historias. Ha sido mi inspiración y sigue siendo. Comencé una novela a la cual no creo haber llegado a hacer un capítulo y medio solamente. Y actualmente me encuentro desarrollando una novela llamada “El rompecabezas de la vida”. Es todo referido a las historias que imagino mediante esa música.
 Recuerdo que este año disfruté de algo que me llenó de un sentimiento raro para mí. Había salido de casa y viajé al centro para encontrarme con unos amigos. Esperé eso de media hora o 45 minutos y no vinieron. Enojada me encaminé hacia mi parada de colectivo. Caminando con mis auriculares reproduciendo rock, escuché por lo bajo el sonido de un saxo. Me quité los auriculares y, como un ciego tratando de ubicarse, me puse a buscar el origen de la música. A una cuadra de donde me encontraba, junto la feria de los artesanos y en un pequeño escenario, una banda de unos cinco integrantes tocaba una especie de jazz. Digo “especie”, porque ésta banda contenía una guitarra eléctrica>>aunque no se escuchara muy resaltadora<< era un jazz-rock. Algunos grupitos de personas se frenaban a escucharlos, y otros se sentaban a apreciar su arte. Yo era una de esas, sola como un perro me senté en un banco a escucharlos. Me gustaba mucho y sentí como una especie de orgullo hacia el género que tocaban. A pesar de estar sola, no me “sentía” sola. Sentía que éramos de esas personas que no ves en muchos lados, y que salieron a la luz por un momento. El enojo de que me dejaran plantada se fue al segundo. Volví a casa relajada y contenta.
Sueño con tener algún día un bar como el que imagino en cada historia, o tal vez ser parte de una banda de jazz.
Agradezco poder sentir algo así por un estilo musical y que me movilice a hacer cosas.
Hasta la segunda parte.

 01/10/2013     Candela Spagnuolo

No hay comentarios:

Publicar un comentario