martes, 12 de noviembre de 2013

Sentidos

La luz de la luna se reflejaba en las húmedas veredas, mojadas por el fresco rocío de la noche. Ella se encontraba allí, en la rambla frente al mar. Su sonrisa brillaba como las perlas de su collar, mientras fumaba un cigarrillo. A pesar de eso, sentía que no era verdadera. No me refiero a ella, sino a su sonrisa. Sus ojos delineados se reflejaban en el movimiento del mar, como perdidos. Era una mirada triste.
-Puedes dejar de fingir- le dije.
Se rio. Ahora su mirada se fijaba en mí, sin acotar nada. Ella era encantadora.
-Estoy algo cansada-respondió luego de un momento- Cansada de mi trabajo, de la gente, de este lugar, de mi vida…
Un profundo suspiro acompañado de una bocanada de humo, se hizo presente en ella.
No me gustaba verla así. Simulando ser feliz, mientras por dentro su alma se iba desplomando de a poco.
-¿Y si escapamos? ¿Y si dejamos todo a la deriva?- Apenas pensé lo que le decía. Las palabras escaparon de mi boca.
Su sonrisa volvió, pero esta vez era una más sincera. Su cabello ondulado y con bucles bailaba al son de la brisa. Era bellísima. Valía la pena todo por ella. Yo no tenía nada que perder si dejábamos todas nuestras responsabilidades de lado.
-Si tú lo deseas, yo puedo ayudarte a cambiar de vida-insistí.
Se acercó lentamente y me besó profundamente. Su perfume a jazmines inundaba mi nariz plácidamente.
-La vida será monótona, pero creo que por alguna razón las cosas son así-replicó ella.



No hay comentarios:

Publicar un comentario