Capítulo 5
Desperté con un agudo dolor de cabeza. La fuerte resaca me pegó como nunca me había pegado. Tenía demasiado sueño. Miré el reloj en mi cómoda y ya eran las 12:30 del mediodía. Aún en la cama me quedé pensando en lo que pasó la noche anterior. No recordaba muy bien todo. Tenía mezclado todo y no solo en mi cabeza, sino también en mi estómago.
Me levanté para encender la radio. Pero luego me tenté otra vez a ir a la cama así que me eché. Escuchando un suave tango del que no conocía, cerré los ojos y descansé la vista.
No tenía ganas de nada. No quería trabajar ni salir, quería dormir todo el día o simplemente no hacer nada.
De un momento a otro recuerdo cuando ella vino. Se me viene a la cabeza su rostro enfadado. No entendí bien por qué era que se había enojado. Ni tampoco por qué había venido.
“¿Habría venido por mí?”, pensaba tontamente.
Acepto que las mujeres sonrientes me pueden, pero se ven muy tiernas al enojarse. Me recuerdan a los caprichos que hacía mi madre para pedirle algo a mi padre. Cuando se amaban, claro. Con los años ya se fueron poniendo viejos, y ya no sentían lo mismo entre sí. Mi madre no me había tenido muy joven, me habrá tenido alrededor de los 35 o 40 años. No le entusiasmaba la idea de tener muchos hijos, de todos modos siempre me quiso y me educó como la mejor de las madres. La extraño. Ella aún vive junto a mi padre, a pesar de no amarse siempre fueron los mejores compañeros entre sí. Eso me alegra, siempre me alegró.
Decido levantarme, pero sólo por una razón: curiosidad. Me dirigí hacia la ventana de la sala de estar. Corrí la cortina y miré hacia la casa de la joven. Su ventana estaba cerrada, lástima.
Volví a la cama. Me sentía un vago, tenía mucho sueño. Cerré los ojos y me dejé llevar por la música de la radio, hasta quedarme totalmente dormido.
Me desperté sobresaltado, no entendí muy bien por qué. Miré el reloj y eran las 16:10. Me levanté rápidamente, me puse los zapatos y la camisa para entrar al trabajo.
Llegué casi corriendo, aunque tenía la suerte de vivir a poco menos de media cuadra. Saludé a mis compañeros y me puse el delantal para comenzar a trabajar. Llevé un par de cafés por una mesa. Luego un cortado para uno de los señores que siempre venía junto a su compañero a leer el periódico.
— ¿Has visto esto? “Se cancelan todos los vuelos hacia América por reclamos”. Al parecer mi nieto no podrá viajar en estos días. — Le comentaba uno al otro.
Seguí limpiando las mesas junto a la barra. Miré a ver si se encontraba Boris, pero no lo vi. Por coincidencia me llama la señora de la mesa, la mujer la cual Boris deseaba.
Me acerqué y con un poco de confianza le pregunté si tomaba lo mismo que las últimas veces. Asintió con la cabeza y con su cara amargada de siempre.
— ¿No ha venido?
— Me temo que no. Ayer tuvo un día movido.
Bajó la mirada y para no incomodarla me retiré. Mi compañero me pidió si podía suplantarlo unos diez minutos porque había olvidado algo en su casa. Acepté sin problemas. Me dijo los pedidos que ya habían sido hechos para llevarlos a las mesas.
Cumplí entregando todo. Fui a buscar a la barra un vaso de wiski. La habían pedido de una de las mesas situada afuera, lejos de la puerta. Me parecía raro que pidieran alcohol desde tan temprano. Lo puse en la bandeja y me dirigí hacia afuera. Estaba la joven, hermosa y reluciente.
— ¿Cómo le va señorita? — Le dije con ánimo mientras apoyaba el vaso sobre la mesa.
Ella me miró con cara seria.
— Perfectamente. ¿Acaso le importa?
— Más de lo que cree, estoy seguro.
Voltea la mirada, como ignorándome. No la entiendo.
— ¿La he ofendido?
Se levantó despacio, me miró con furia.
— A ti no te pagan por hablarle a la gente. Déjame en paz.
Tomó su bolso y comenzó a caminar hacia su casa. Intenté detenerla.
— Espera, no quise ofenderte si lo hice— me sentía muy confundido, no comprendía nada. — Por favor siéntate y sigue con lo tuyo.
Se detuvo. Sus ojos eran tan hermosos, un color celeste del color del caribe.
— Gracias, pero ya no tengo ganas de nada.
Y con eso se retiró sin más. Hasta había cambiado el modo en el que se dirigía hacia mí. Volví al café. Me apresuré a atender las mesas.
Luego de un largo rato se me acerca el dueño, con una sonrisa me pregunta: “¿Te gusta la jovencita de enfrente?”. Me sobresalté por su pregunta, me daba un poco de vergüenza decirlo. Además no quería que ella se enterara.
—Solo hablé con ella un par de veces, no es nada.
— Ya veo. De todos modos ten cuidado, es una chica complicada. — comentó riéndose.
— ¿La conoce?
— No he hablado mucho con ella, pero viene de vez en cuando a tomar wiski. Se instaló hace un año aproximadamente. Es un tanto solitaria.
— Eso creí. Aunque no la conozca, siento que debe tener su lado divertido.
— ¡Por supuesto! Adora los sábados de fiesta que se forman aquí. Hasta la he visto por la ventana bailando swing en su departamento. Siempre tiene las ventanas abiertas.
— Hoy las tiene cerradas. ¿Es raro?
— Supongo que debe estar en malos días. No es seguro, pero para mí que cuando está con problemas cierra las ventanas. A modo de encierro y pensamiento.
— A pesar de que sea alguien complicado resulta muy misteriosa e intrigante.
— Pero es bastante histérica al parecer. Pero me cae bien. Te recomiendo hablarle más. Visítala.
— ¿Visitarla? No sé ni su nombre.
Me palmeó la espalda y se fue hacia la barra. Me quedé pensativo. Deseaba tanto conocerla, pero no entendía por qué me odiaba tanto. O eso me imaginaba. No me terminaba de cerrar la idea de que se haya enojado por la reunión de anoche.
“¿Habría venido por mí?”, pensaba tontamente.
Acepto que las mujeres sonrientes me pueden, pero se ven muy tiernas al enojarse. Me recuerdan a los caprichos que hacía mi madre para pedirle algo a mi padre. Cuando se amaban, claro. Con los años ya se fueron poniendo viejos, y ya no sentían lo mismo entre sí. Mi madre no me había tenido muy joven, me habrá tenido alrededor de los 35 o 40 años. No le entusiasmaba la idea de tener muchos hijos, de todos modos siempre me quiso y me educó como la mejor de las madres. La extraño. Ella aún vive junto a mi padre, a pesar de no amarse siempre fueron los mejores compañeros entre sí. Eso me alegra, siempre me alegró.
Decido levantarme, pero sólo por una razón: curiosidad. Me dirigí hacia la ventana de la sala de estar. Corrí la cortina y miré hacia la casa de la joven. Su ventana estaba cerrada, lástima.
Volví a la cama. Me sentía un vago, tenía mucho sueño. Cerré los ojos y me dejé llevar por la música de la radio, hasta quedarme totalmente dormido.
Me desperté sobresaltado, no entendí muy bien por qué. Miré el reloj y eran las 16:10. Me levanté rápidamente, me puse los zapatos y la camisa para entrar al trabajo.
Llegué casi corriendo, aunque tenía la suerte de vivir a poco menos de media cuadra. Saludé a mis compañeros y me puse el delantal para comenzar a trabajar. Llevé un par de cafés por una mesa. Luego un cortado para uno de los señores que siempre venía junto a su compañero a leer el periódico.
— ¿Has visto esto? “Se cancelan todos los vuelos hacia América por reclamos”. Al parecer mi nieto no podrá viajar en estos días. — Le comentaba uno al otro.
Seguí limpiando las mesas junto a la barra. Miré a ver si se encontraba Boris, pero no lo vi. Por coincidencia me llama la señora de la mesa, la mujer la cual Boris deseaba.
Me acerqué y con un poco de confianza le pregunté si tomaba lo mismo que las últimas veces. Asintió con la cabeza y con su cara amargada de siempre.
— ¿No ha venido?
— Me temo que no. Ayer tuvo un día movido.
Bajó la mirada y para no incomodarla me retiré. Mi compañero me pidió si podía suplantarlo unos diez minutos porque había olvidado algo en su casa. Acepté sin problemas. Me dijo los pedidos que ya habían sido hechos para llevarlos a las mesas.
Cumplí entregando todo. Fui a buscar a la barra un vaso de wiski. La habían pedido de una de las mesas situada afuera, lejos de la puerta. Me parecía raro que pidieran alcohol desde tan temprano. Lo puse en la bandeja y me dirigí hacia afuera. Estaba la joven, hermosa y reluciente.
— ¿Cómo le va señorita? — Le dije con ánimo mientras apoyaba el vaso sobre la mesa.
Ella me miró con cara seria.
— Perfectamente. ¿Acaso le importa?
— Más de lo que cree, estoy seguro.
Voltea la mirada, como ignorándome. No la entiendo.
— ¿La he ofendido?
Se levantó despacio, me miró con furia.
— A ti no te pagan por hablarle a la gente. Déjame en paz.
Tomó su bolso y comenzó a caminar hacia su casa. Intenté detenerla.
— Espera, no quise ofenderte si lo hice— me sentía muy confundido, no comprendía nada. — Por favor siéntate y sigue con lo tuyo.
Se detuvo. Sus ojos eran tan hermosos, un color celeste del color del caribe.
— Gracias, pero ya no tengo ganas de nada.
Y con eso se retiró sin más. Hasta había cambiado el modo en el que se dirigía hacia mí. Volví al café. Me apresuré a atender las mesas.
Luego de un largo rato se me acerca el dueño, con una sonrisa me pregunta: “¿Te gusta la jovencita de enfrente?”. Me sobresalté por su pregunta, me daba un poco de vergüenza decirlo. Además no quería que ella se enterara.
—Solo hablé con ella un par de veces, no es nada.
— Ya veo. De todos modos ten cuidado, es una chica complicada. — comentó riéndose.
— ¿La conoce?
— No he hablado mucho con ella, pero viene de vez en cuando a tomar wiski. Se instaló hace un año aproximadamente. Es un tanto solitaria.
— Eso creí. Aunque no la conozca, siento que debe tener su lado divertido.
— ¡Por supuesto! Adora los sábados de fiesta que se forman aquí. Hasta la he visto por la ventana bailando swing en su departamento. Siempre tiene las ventanas abiertas.
— Hoy las tiene cerradas. ¿Es raro?
— Supongo que debe estar en malos días. No es seguro, pero para mí que cuando está con problemas cierra las ventanas. A modo de encierro y pensamiento.
— A pesar de que sea alguien complicado resulta muy misteriosa e intrigante.
— Pero es bastante histérica al parecer. Pero me cae bien. Te recomiendo hablarle más. Visítala.
— ¿Visitarla? No sé ni su nombre.
Me palmeó la espalda y se fue hacia la barra. Me quedé pensativo. Deseaba tanto conocerla, pero no entendía por qué me odiaba tanto. O eso me imaginaba. No me terminaba de cerrar la idea de que se haya enojado por la reunión de anoche.
y si, voy a estar atento al siguiente capitulo! jaja. Muy bueno Cande :) la Historia atrapa mucho! :)
ResponderEliminarQue lindo se siente que otros disfruten tanto como yo la historia c:
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