lunes, 20 de mayo de 2013

Mundos Diferentes...

Hoy tenía que ir a los exteriores de una vieja amiga mía, y esto me llevó a pensamientos o reflexiones que los quiero llevar a mi blog sólo por diversión.

Salí de mi casa con mi campera nueva y mis auriculares. Busqué en mi música la carpeta de jazz y le puse play. Pensaba que iba a llegar tarde, ya que me retrasé un poco con la computadora y creo que tan solo no tenía ganas de ir.
Todo estaba mojado, no me había dado cuenta de que había llovido antes. Maldecía la humedad al sentir como poco a poco mi cabello se inflaba a causa de éste. De todos modos disfrutaba del olor a tierra mojada que inundaba mi nariz.
 Caminaba y caminaba sabiendo que no lo quería hacer, pero debía hacerlo, esta amiga siempre me había acompañado. Aunque ya mucho no hablamos, aún le tengo mucho aprecio pero últimamente me doy cuenta que somos muy diferentes, el tiempo nos ha cambiado.
 Al llegar a su casa, que quedaba a eso de 20 cuadras de la mía, me quité los auriculares y la saludé. Un barullo de voces se escuchaban por detrás. Eran mis antiguos amigos, con los cuales ya no me hablo ni me interesa hacerlo y tampoco quiero discutir con otros lo mismo de hace años. Todos estaban divididos en grupos, gritando, riendo. Yo estaba contra la pared, observándolos con cuidado, viendo que ya no somos niños y encontrando rasgos diferentes a los que conocía. Su manera de hablar era de alguien de la calle (no me malinterpreten, hablo del tono wachiturro o eso), tenían grandes buzos y gorras colgadas del pantalón. Unos hablaban de salir a bailar y otros de el chico que les dio bolilla la semana pasada.
Nada interesante ni nada donde me pueda meter. Mi amiga se fue a hablar con el hombre que nos iba a grabar y me quedé sola, y así como por 40 minutos. El de la cámara no nos grababa todavía, y el día se iba poniendo más oscuro. Ese no era mi lugar, no acostumbro a estas reuniones y a esa gente, mi mundo no se basa en música movida y bailes con amigos.
Al sentirme arrinconada y aislada, amagué a ponerme mis auriculares y sentir que no estaba ahí, pero no lo hice. Luego de 10 minutos no lo dudé y me los puse. Presioné el botón de play y salió un tema de Sarah Vaughan, ya no sabía ni qué mirar así que solo observé la ventana y no quité mucho la vista.
 Al caer las 5:38 decidí que era hora de irme, no me sentía cómoda  y se iba a hacer de noche. Saludé a mi amiga y me fui.
Podía haberme tomado el colectivo, pero preferí caminar para despejarme un poco. También porque hace mucho no salía a caminar y pensar.
Me detuve un momento, mis zapatillas se habían embarrado por la tierra de la plaza. Rezongué un poco y seguí mi camino. No me sentía cansada, tenía calor y me resultaba muy extraño ya que hacía mucho frío afuera. Lo único que me preocupaba era mi mamá cuando llegue a casa, sabía que se iba a enojar porque estaba oscureciendo y yo no había llegado aún. Y tenía razón, pero dentro de todo la pasé bien caminando y creo que eso no me lo quita nadie.


Candela Spagnuolo.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, las descripciones, el hecho de ser natural y profunda al mismo tiempo le da estabilidad y atracción al relato.

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  2. Lo mejor es que ni llegué a corregirlo porque lo escribí un poco apurada pero con inspiración, y aún así me gusto.

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